Army Moves (1987) Dinamic
JMV - viernes, 22 de julio de 2011 El Army Moves supone el regreso personal de Víctor Ruiz a los "teclados" tras el éxito de Camelot Warriors, pero en esta ocasión dejando a un lado la temática aventurera-fantasiosa para entrar directamente en el arcade más "hard".
Porque sí, es un juego realmente duro, difícil, de esos que generan frustración a borbotones hasta el punto de desear linchar a toda la familia del ingeniero de caminos que diseñó el maldito puente. ¿Qué puente? Ahora lo veremos.
El juego inaugura una nueva moda de Dinamic, que le ponía nombres molones a todo: la doble carga, o lo que luego sería la "FX Doble Carga Mega Guai". Consistía básicamente en dividir un juego en dos cargas independientes, con la salvedad de que para acceder a la segunda debes completar la primera e introducir un código. En juegos como Game Over se mantuvo al coherencia en el desarrollo del juego, siendo básicamente "el mismo" pero dividido. En esta ocasión sin embargo hablamos de dos juegos muy diferenciados, cada uno con sus virtudes y defectos, siendo algo más redondo el segundo.
En la primera carga disfrutaremos (es un decir: más bien sufriremos) un shoot´em all de scroll horizontal dividido en cuatro fases. En la primera aparece el famosísimo jeep saltarín armado con misiles que Azpiri recreó de modo tan acertado en la portada. Nos desplazaremos por un puente plagado de tramos destruidos que debemos saltar gracias a nuestros dispositivos motorizados retroalimentados (es decir, que el jeep salta y no le busquéis explicaciones), y defendernos de helicópteros y otros jeeps enemigos a base de misilazos. Nos atacarán por aire y tierra por lo que debemos combinar dos tipos de disparo diferentes o asignar ambos a la misma tecla, cosa que todos hacíamos. El concepto es muy similar al clásico Moon Patrol, la recreativa, por lo que os animo a que la probéis: os llevaréis una sorpresa. Ya sabemos lo aficionados que eran en Dinamic a fusilar arcades comerciales.
En esta primera parte experimentaremos de lleno la frustración de morir de diversas e innumerables formas: mal cálculo del salto (aunque parezca que llegamos, a veces el programa interpreta que somos más torpes de lo que somos realmente), chocar en pleno salto con otro jeep que también salta, muerte por impacto de bala, muerte porque sí o muerte por aburrimiento de morir tanto.
Tras esta pesadillesca primera fase pasamos a pilotar en un helicóptero en tres niveles, primero sobre tierra, luego sobre el mar y por último en la selva. Los enemigos atacarán de nuevo desde el aire mediante cazas muy peligrosos y kamikaces, y desde tierra o mar en forma de torretas, barcos lanzamisiles y todo un arsenal destinado a hacernos perder los nervios. El juego nuevamente tiene reminiscencias muy fuertes de Choplifter, un juego de Atari de 1982 muy popular que Sega reconvirtió a arcade en los años inmediatamente anteriores al lanzamiento de Army Moves. De hecho, es clavado.
La segunda carga toma como referencia Green Beret y dejamos los vehículos para ponernos en la piel de un soldado armado con una metralleta y granadas. Iremos moviéndonos lateralmente por pantallas estáticas sin scroll por diferentes escenarios, muy atractivos gráficamente. Primero por una selva bien recreada, saltando por plataformas sobre un río y esquivando unos pájaros muy puñeteros. Llegaremos luego al exterior de la base, en la cual seremos acosados por otros soldados y pro francotiradores: empezará entonces el festival de "dispara sin parar y por Dios no te quedes quieto" con un consumo de nuestras vidas a velocidad de vértigo. Por último entraremos en la base enemiga, decorada al más puro estilo nazi, con el fin de encontrar unos planos (o unas fotos de Berlusconi en pleno Bunga-Bunga) en una caja fuerte. El nivel de dificultad ya superará para entonces al del mismísimo Ghouls´n Ghosts y nuestro cerebro habrá pasado al Modo Parapléjico-Estereoscópico.
Army Moves traslada un modelo de juego popularizado por las recreativas al Spectrum aportando unos más que correctos elementos técnicos y sobre todo gráficos, muy notables en general con algún altibajo en la primera carga, más sólidos en la segunda. En su primera carga, el scroll resulta un punto brusco y lento, a la par que la respuesta de los controles no siempre será la más ágil. Esto provoca muchas veces errores o muertes en las que el jugador no se siente enteramente responsable y como consecuencia aparece una cierta frustración. En la parte del jeep es ciertamente un acierto la posibilidad de control del vehículo en el aire, pero cualquier aleluya al respecto será penalizada seguramente con la pérdida de una vida. Completar cualquier fase del helicóptero, en especial la tercera, será un logro sólo al alcance de los más hábiles. A su favor desde luego está la adicción que genera, pero en este caso, objetivamente, el juego arrastra todos los problemas mencionados que le impiden llegar al status de obra sobresaliente.
La segunda carga arrima el hombro al Green Beret pero sin la agilidad de éste, por lo que su componente arcade queda ahogado por un ritmo más lento y por la agobiante acumulación irreal y constante de enemigos. La ausencia de scroll es más entendible en las escenas de interior pero quizá no le hubiera venido nada mal en el resto de la carga y estoy seguro de que hubiera ganado enteros. Probablemente el Spectrum no daba para tanta variación.
El sonido es muy básico en la versión de 48 k pero satisfactorio en la de 128 k resultando por momentos brillante.
Con Army Moves recuperamos así la primera parte de la saga que seguiría con Navy Moves (puede que el mejor juego de Dinamic) y que concluyó con ese lanzamiento anacrónico e incomprensible, en 1995, que fue Artic Moves (de características más propias de los 80 que de mediados de los 90).
Merece la pena reseñar de nuevo el arte de la carátula. Quizá nunca consiguió Azpiri tal grado de fusión entre carátula y concepto de juego, y su ilustración (de las más sencillas que realizó para Dinamic) fue objeto de posters en Microhobby y todo un emblema de la compañía. La realizó incluso antes de que el juego estuviera realizándose, vía llamada telefónica: "Oye, dibuja esto". Y fue su propio arte el que tuvo posteriormente un efecto rebote en el proceso de diseño gráfico del programa.
En suma, un juego que como muchos otros juegos españoles ha sido muy sobrevalorado por esa veneración nostálgica que sentimos por Dinamic (entre otras) pero que tuvo su importancia y que supuso en su día una apuesta potente y un lanzamiento muy promocionado. Y sí, es adictivo, pero el buscaminas también lo es y su scroll es bastante flojo.
Valoración: 75 %
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