Camelot Warriors (1986) Dinamic
Deckard - viernes, 29 de junio de 2012 Hubo un tiempo en el que las aventuras de espada y brujería eran una constante entre los juegos para Spectrum. Y de eso eran muy conscientes en las casas de software españolas. Intentaban rivalizar con aquellas venidas de tierras inglesas, donde la situación económica era más solvente y, como poco, se contaba con grandes equipos de programación compuestos por decenas de personas. "Camelot Warriors" es el ejemplo de videojuego para Spectrum que se realizaba con un equipo muy reducido de integrantes. Tan sólo bastó con un componente para su programación, Víctor Ruiz, de quien surgió la idea y los escenarios del juego. Todo ello estaba aderezado con una ambientación muy conseguida para tratarse de un ordenador de 8 bits como el Spectrum. Los videojuegos de Dinamic se habían convertido en sinónimo de calidad, y llegó a demostrarse con creces gracias a éste título tan emblemático, que vio la luz en el año 1986, aunque se programara en 1985.
Nuestra misión es muy sencilla y complicada a la vez. Somos un caballero de los de lanza en astillero, como reza El Quijote, y debemos escapar del mundo en el que estamos sumidos. Para ello debemos encontrar varios objetos venidos del futuro para lograr pasar de fase. Por un lado, tenemos el primer objeto, denominado "El fuego que no quema". Se trata de una bombilla que habrá que entregar al mago Aznaht para que nos convierta en un verde batracio que pueda zambullirse en el lago. Después habremos de conseguir, ya convertidos en anfibio, "El espejo de la sabiduría", que no es si no una televisión, y dársela a Kindo, el rey del lago. Habrá que sortear en esta ocasión a diversos animales acuáticos que no cesarán en su empeño por mandarnos a mejor vida.
Ya metidos en la tercera fase del juego, habrá que recobrar "El elixir de la vida" (una Coca-Cola) para llevársela a un imponente dragón llamado Azornic, que nos espera ansioso entre las grutas del bosque. Ya por último, para concluir la aventura, tendríamos que dirigirnos al Castillo de Camelot para entregar en mano al mismísimo Rey Arturo "La voz de otro mundo", que se trataba de un teléfono corriente y moliente de la época en la que se creó el juego.
Con estas premisas, nos encontrábamos con un título que poseía muchos alicientes: una atractiva historia, unos gráficos y enemigos muy bien resueltos y una dificultad que, siendo típica de aquellos tiempos, se antojaba muy elevada por el número de veces que veíamos a nuestro personaje perecer. Aquellas diez vidas que se nos entregaban nunca parecían suficientes para llevar a buen término la hazaña de llegar hasta el final sanos y salvos. Y es que el sistema de colisiones dejaba un tanto que desear en Spectrum, pues cualquier roce se convertía en una trampa mortal para los que fueran poco avezados en los juegos de plataformas como "Camelot Warriors".
La interfaz del juego era inexistente, y en pantalla tan sólo se observaba a nuestro personaje y el escenario en el que estuviese inmerso en ese momento. Era al perder una vida o cuando recogíamos un objeto cuando aparecía un rótulo con la acción que acababa de suceder, es decir, al morir se mostraba un rótulo con las vidas que nos quedaban y, por otro lado, al recoger un objeto, una pantalla blanca con un rótulo de dos colores nos anunciaba lo que habíamos recogido.
El movimiento del personaje se tornaba lento por momentos y debíamos ser muy duchos con el salto y la espada para poder recorrer con éxito todo el mapeado del juego, que no era muy extenso, por otra parte. El salto tenía una única dirección y era imposible rectificarlo si ya habíamos tomado la decisión de saltar, por lo tanto si no teníamos la pericia suficiente fracasábamos estrepitosamente.
Sin embargo, la variedad de escenarios, los diferentes enemigos (búhos, avispas, peces, plantas carnívoras, medusas, seres amorfos, arañas, ratas, fantasmas, etc.), la calidad de los gráficos en general, su cuidada ambientación y la atrayente portada de Azpiri, terminó por conformar un notable título que hizo del videojuego toda una leyenda que perdura hasta hoy como uno de los grandes hitos del software de nuestro país. Muchas gracias, Dinamic, por tan bello tesoro. Los aficionados al Spectrum estaremos siempre agradecidos por tan admirable legado.
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Hay actualmente 15 comentarios
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Psy 29/06/2012 a las 16:24:30
Sin ser español, y viendo los juegos de Dinamic desde una perspectiva desinteresada, siempre me pareció que los títulos aparecidos en el '85/'86 tenían un nivel de calidad muy dispar y un planteamiento que había pasado del papel a la pantalla sin muchas modificaciones.
Camelot Warriors es buen ejemplo: es un juego con unos gráficos fabulosos, un diseño interesante, una ejecución mediocre y una dificultad brutal. El hecho que ya de entrada tengas que acertarle al buho con la espada o perder una vida es una cachetada al jugador (sisi, todavía hoy quiero desplumar al buho ese!), pero por sobre esto, muchos detalles técnicos jugaban en contra del jugador; un ejemplo: si pasabas de una pantalla a otra en una mala posición, podías caer sobre un enemigo una y otra vez y perder la partida sin más.
Es una pena porque se nota que el juego fue planificado con esmero, las zonas con scroll horizontal son una buena idea bien implementada, pero da la sensación que terminado el diseño y los gráficos, el resultado final fue "empujado" fuera de la mansión Dinamic sin muchas pruebas.
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hoz3 30/06/2012 a las 00:36:25
Hola Deckard y Bienvenido a El Mundo del Spectrum.
La verdad es que te has estrenado por todo lo alto y has elegido para empezar un juego mítico del catálogo de nuestro querido Speccy.
Después de leer todo el artículo y los comentarios, mi opinión se acerca más a la de Psy. Y es que Camelot Warriors debido al factor nostalgia, en este caso brutal, tendemos a sobrevalorarlo demasiado.
Para empezar creo que lo que hace grande a este juego es en un 50% su impactante carátula, obra del legendario Azpiri, y el otro 50% al juego en sí. Recuerdo cuando lo cargué por primera vez, el chasco que me llevé al ver que el protagonista no se parecía en nada al de la carátula. Iluso de mí, ya que esto se cumple en el 90% de los juegos de Dinamic. Una vez que me puse a jugar, observé estupefacto como todas mis vidas caían una detrás de otra porque un buho me tocaba nada más empezar la partida¡Pardiez cuál era el botón del espadazo! Gran fallo de diseño señor Victor Ruiz.
Pero es que hay que reconocer que el juego tiene algo especial. Quizá sean sus gráficos, que para mi gusto son muy buenos y coloridos para la época; Y es que esta era una norma en casi todos los juegos de Dinamic; que a pesar de tener una jugabilidad dudosa, tenían una gran calidad artística. O tal vez, el factor que le hacía ganar en valor, era que nunca habíamos visto nada igual hasta ese momento.
Ciertamente, Camelot Warrior no es un juego perfecto si no todo lo contrario. Pero es un pedazo de la historia del software de Dinamic y del los Videojuegos de 8bits en general ¡Y qué gran pedazo!
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