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Emilio Butragueño Futbol (1988) Topo Soft / Ocean

Tal vez como muchos de vosotros hayáis estudiado, posiblemente en tiempos ya pretéritos, un funcionario de la oficina de patentes de Berna, llamado Albert Einstein, descubrió que, como todas las dimensiones, el tiempo es relativo y que depende de la velocidad del observador y de quien ejecuta una acción. Esta conclusión, casi seguro que obtenida en parte porque su trabajo de funcionario de oficina de principios del siglo XX no debía ser demasiado estresante, se ha aplicado a distintos campos del conocimiento y la experiencia humana.

Y como no, con el transcurrir de los años, hubo quien se atrevió a extrapolarla a un famoso deporte de pelota que se juega con todo el cuerpo menos con los brazos y que, sin tener una razón objetiva y lógica, enfervoriza desaforadamente a las masas . El primero que descubrió este fenómeno de elasticidad temporal para el gran público, asombrándolo y cobrando su buen pastizal por ello, fue un holandés que se paraba con el balón en los pies, decelerando la velocidad ante quienes pretendían arrebatárselo, para una fracción de segundo más tarde, abandonar su estado cercano al reposo y como si se tratase de un rayo, dejar plantados a los contrincantes que ya intentaban pararlo de cualquier manera, totalmente sorprendidos con unos movimientos relativizadamente lentos desde su punto de vista como defensas, pero constantes en la mente del ejecutor y absolutamente estéticos para el boquiabierto espectador. Se llamaba Johan Cruyff y su juego marcó una época (veinte años más tarde abanderaría, con mucho valor y mucha suerte, otra revolución como técnico).

Pero resulta que ésta en la que jugaba eran los años setenta y los videojuegos eran poco menos que una rareza que empezaban a ganarse un hueco junto a los futbolines o las mesas de billar, por lo que su fulgurante estela, no quedó reflejada en bits. Sin embargo, años más tarde, un admirador confeso del astro holandés, dejaba con la boca abierta a toda España y a media Europa justo por lo mismo. Le llegaba el balón, lo paraba y de nuevo como años atrás, empezaba a contar su tiempo propio y personal, distinto en su cabeza al que los espectadores que miraban el partido o al de los defensas que trataban de evitar lo que se les venía encima. Se empezaban a mezclar velocidades, la de su pensamiento rápido, la del contrario pasado de frenada o que se quedaba parado, a veces lanzando una patada al aire, después de un cambio de ritmo de aquel muchacho rubicundo, hasta dar como resultado una jugada distinta, absolutamente estética, que destilaba lo bello que decían los entendidos que tiene este deporte. Se llamaba Emilio Butragueño, y también tuvo una buena dosis de necesaria suerte, porque en su equipo se mezcló con el mejor pasador desde la banda derecha de la historia del fútbol español y con el, a mi juicio, mejor delantero centro de la historia, un dentista mejicano que sólo necesitaba tocar una vez el balón para dejar sentenciado un gol. Además era simpático, guapo, educado y estudioso. Todo lo que una madre quisiera para su hija (otra cosa era la opinión de la susodicha) o, ya puestos, una empresa, de entretenimiento por ejemplo, para vender su producto.

Y esta vez sí, los videojuegos domésticos se habían desarrollado, en una primera etapa laboriosa e ilusionante, y por una vez el país de este futbolista diferente y rompedor estaba en la vanguardia de este movimiento y había florecido con fuerza una industria creadora de mundos mágicos a partir de lenguaje de ceros y unos, así que la mayoría de las casas de software, si tenían en mente hacer algo relacionado con el fútbol y de paso forrarse, tenían claro cual era el premio gordo en la carrera por la esponsorización de programas que no hacía tanto había comenzado. Corría 1988 y España tenía clavada la espinita de haber podido ganar aquel mundial maradoniano del 86 si no hubiera tenido tantísima mala suerte contra una insulsa Bélgica, un mítico portero y diez rompebalones, incluyendo aquella trayectoria un día de gloria de nuestro protagonista, en Querétaro, con cuatro goles que arrasaron a la temible Dinamarca e hizo que medio mundo hablara de él (el otro medio estaba durmiendo a esas horas y lo haría al día siguiente). Y quien, unos meses más tarde de aquellos remates épicos, se llevó el gato al agua del contrato para apadrinar un videojuego fue finalmente Topo Soft.

No creo que yo fuera diferente a otros miles de aficionados a los simuladores de fútbol que contábamos ante el calendario los días para la salida al mercado del juego desde que se produjo su anuncio. El título que llevaría definitivamente era “Emilio Butragueño ¡Fútbol!”.Los medios fueron promocionando el lanzamiento a bombo y platillo. Recuerdo que Microhobby publicó una entrevista con El Buitre en la que, básicamente decía, que no tenía ni idea de videojuegos y que al único que había jugado era al “Leader Board” (uno de golf). La expectación creada por parte mediática, y por el boca a boca de patios de colegio era tremenda, las expectativas enormes, pero…¿se cumplieron?.

División de opiniones, al menos en primera instancia. Recuerdo que antes de tener la cinta en mis manos, compré un ejemplar de la revista “Megajoystick” que básicamente se dedicaba a darle palos al juego por todos los lados, llegando a titular el artículo, irónicamente, “Emilio Butragueño, ¿fútbol?”. Sin embargo, al poco tiempo, Microhobby le colgaba la medalla de cinco estrellas. Unos días después, mi habitual tienda recibía la cinta y pude juzgar por mi mismo. Tras las primeras partidas, no me extrañó que se hubieran producido airadas opiniones en uno y otro bando. El juego era innovador, valiente, pero a su vez cojeaba seriamente por algunos pilares fundamentales en este tipo de simuladores. Empecemos resaltando sus virtudes.

Casi todos los juegos previos de temática futbolera adoptaban una vista lateral aunque, por las lógicas limitaciones del Spectrum, el número de futbolistas era siempre inferior a los once reglamentarios, pero aquí se optaba por una original presentación occipital y nos permitíamos el lujo de jugar un completo 4-4-2 . Incluso los equipos se alineaban respetuosamente uno frente a otro antes del inicio. Se agradecía que, además te pudieras saltar la secuencia e ir directamente a repartir chuts y pases. La apariencia era “sospechosamente” parecida a una divertidísima recreativa de unos años atrás, “Tehkan World Cup”. Los gráficos eran de los mejores que se habían visto en un juego de estas características, incluso el balón variaba de tamaño según se elevase más o menos. Podías chutar en nueve direcciones, lo que te daba una libertad para elaborar jugadas bastante grande. Tenía detalles llamativos de acabado, como el colorido público o los fotógrafos detrás de las porterías. Además, existían las faltas, y que yo recuerde era el primero que tenía un árbitro y dos jueces de línea que aparecían en pantalla para repartir justicia (ignoro si existía algún poke para arrimarles uno de esos míticos maletines). Además, cuando se marcaba un gol, los jugadores corrían todos juntos a abrazarse y si el autor era Butragueño, un mensaje nos lo indicaba en la pantalla. También hay una especie de miniaturización del terreno de juego que nos indica en todo momento el equipo que lleva la pelota y en qué parte se está desarrollando la acción, lo cual es muy útil en las primeras partidas.

Y ahora sube al estrado el Sr. letrado abogado del Diablo. El mayor defecto que se le podía achacar al juego es que apenas tiene opciones. Ni poder disputar una liga o una copa, ni variar el tiempo de juego, elegir nivel de dificultad, regular la potencia del tiro, diferentes tácticas, y colores o nombres de equipos…Por carecer de variedad, es que ni siquiera había dos tiempos, y siempre jugábamos en el mismo sentido, atacando de abajo a arriba. Además, había jugadas que sabías que inequívocamente acababan en gol, como el centro desde la banda al punto de penalty o buscar la esquina derecha de la zona de castigo, por lo que había que luchar mentalmente contra la tentación de buscarlas, lo que propiciaba acabar jugando con una personalidad tipo Gollum (el centro es mi amigo….no…el gol fácil nos lleva al aburrimiento…Pero es goool que también vale…mi tesoro…).

El sonido era muy flojo, sin música y los efectos tímidos, casi inexistentes. Al querer mantener unos más que aceptables gráficos, el movimiento se ralentizó bastante (poco después la versión para Spectrum de Kick Off, desplazaría este intento de encontrar el equilibrio hacia el otro extremo, creando un juego con paupérrimos sprites pero movimientos endiabladamente rápidos y por lo tanto bastante divertido). Se daba la paradoja de que no existían penaltis, por lo que si te cazaban dentro del área, te tenías que conformar con una simple falta, recurriendo a la tradicional costumbre de los futboleros de detallar, acompañado de rudimentarios epítetos, el árbol genealógico del árbitro. Todo esto se traducía en que mientras que en las primeras partidas todo era llamativo e innovador, su dificultad plana y nada progresiva hacía que en breve por lo único que pudieras estar compitiendo era por meterle catorce al mismo impasible rival, lo que hacía que el interés por el juego decayese de forma exagerada en un espacio corto de tiempo.

Nada de esto quita que los usuarios de 8 bits acudiésemos en tropel a la llamada del Buitre para arrasar con las existencias de copias en las tiendas y durante mucho tiempo “Emilio Butragueño ¡Fútbol!” fue, con más de cien mil copias, el programa español más vendido (ahora es “Imagina ser diseñadora de moda”, con cincuenta veces más, no comments), convirtiéndose en un auténtico fenómeno y abriendo la veda de la caza al famoso para ponerlo en la carátula del videojuego, lo que nos llevaría a, examinándolo con ojos de hoy en día, la marciana conclusión de que la misma fórmula tanto valía para empujar las ventas de grandes programas como el “Aspar G.P. Máster” o el “Emilio Sánchez Vicario” como daría lugar a esponsorizaciones que parecían elucubradas por alguna maligna, retorcida y perversa mente, como “Sabrina” (sí, esa, la del “Boys, Boys, Boys” que se hizo famosa como todo el mundo sabe por su dulce y aterciopelada voz).

Volviendo al tema del simulador de fútbol que nos ocupa, hay que decir que la portada era bastante curiosa. Un fondo azul, con el título del juego arriba, un pequeño retrato de Emilio Butragueño en un recuadro, y la mayor extensión la ocupaba una buena foto (no, aquella tan famosa en la que se le escapó el pajarito en un partido, no, que hay niños delante) del gran futbolista driblando a dos rivales. El inconveniente era que llevaba puesta la camiseta del Real Madrid, y no sé si por carecer de los derechos para usar la marca o para evitar fobias inconscientes de los seguidores de otros equipos, se tintó la equipación totalmente del rojo de la camiseta de selección. Eso sí, por entonces el Photoshop no estaba muy desarrollado y si os fijáis con detalle en la carátula, observaréis cómo se nota claramente el escudo del equipo blanco. Por cierto, siempre me gustó mucho la pantalla de carga, me parecía que estaba muy bien hecha (firmada por Kantxo).

El juego venía firmado por Topo, pero también por Ocean, que se encargó de distribuirlo con otro nombre allende nuestras fronteras, ya que el madridista no gozaba del mismo nivel de fama en el extranjero. En 1989 apareció una segunda parte, “Emilio Butragueño II”, firmada sólo por la empresa británica (en Inglaterra se publicó bajo el nombre de Gary Lineker, el único goleador que supero a Butragueño en aquel mundial del 86), que contenía una nueva versión del juego e incluía una segunda cassette con “superskills”, o sea, pruebas de habilidad futbolística. El conjunto era correcto sin más, y no levantó los airados debates que, para qué negarlo, eran uno de los atractivos de su antecesor.
La verdad es que, volviendo al programa de Topo, a pesar de la monotonía de las sonoras palizas que como único entretenimiento, he de confesar que me dejó buen sabor de boca general y cuando salio la versión de PC en 5 ¼’ me lo compré y volví a dedicarle tiempo, encontrando las mismas virtudes y defectos que había demostrado en mi ordenador de teclado de goma un tiempo antes.

Os dejo el enlace al número de Microhobby que publicó un reportaje anunciando el acuerdo con Butragueño y una pequeña entrevista con el futbolista, antes referida y os recomiendo que le echéis un ojo, dice cosas curiosas, como la cantidad que le pagaron por usar su imagen (cinco veces más que a Fernando Martín, según estas fuentes), que esperaban superar las 200.000 copias o como Gabriel Nieto le pega un palito a Desperado, que no sé muy bien a santo de qué viene..
http://microhobby.speccy.cz/mhf/172/MH172_06.jpg (Gracias a StalVs y su web www.microhobby.com)
Así que ya sabéis los más jóvenes del lugar, que cuando tras un partido de Cristiano Ronaldo, Casillas, Alonso y compañía, la tele enfoque a un señor casi cincuentón, trajeado, con aún buena forma física y que hace educadas declaraciones, no dejéis de recordar que en la década de los ochenta abanderó una revolucionaria generación de futbolistas y, por lo que nos toca, uno de los programas mejor vendidos y más controvertidos del software español.

Más información:WOS
Firma: Sorceneger

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8 comentarios

  1. Enhorabuena Sorceneger por este interesantísimo artículo. Yo nunca fuí, ni sigo siendo, un entusiasta de los juegos deportivos. Mis amigos sí que jugaban a este juego, también más que nada por su parecido a la recreativa World Cup Tehkan, como tú bien dices. Eran otros tiempos, y un deportista daba nombre a un juego. Ahora se llaman Fifas y Pro Evolutions, ya ni siquiera Tiger Woods (es normal).

    Chao!

  2. Hay que ser muy zote (G.Nieto) para decir en una entrevista que leen tus clientes que uno de tus mayores éxitos de ventas es un programa malo, cuando se sigue vendiendo. Me imagino la motivación de decir esa frase tras las cosas que hemos leídos en los últimos tiempos. Además Desperado es un arcade bastante bastante decente, quizá peca de tener unos colores un poco incómodos, pero por lo demás está muy bien

  3. Completamente de acuerdo con todo lo que cuenta sorceneger (excelente artículo), tanto los aspectos positivos como los negativos.
    Eché mis buenos ratos a este Butragueño, sobre todo gracias a la opción de partido contra otro amigo, porque el ordenador, como bien se dice, apenas presentaba batalla.

  4. Woowww… entre a la pagina y me salio como "juego Aleatorio" no se como empezar pero me parece que decir que al ver el articulo y leerlo y con solo ver unas imagenes del juego no puedo negar que se me escapo una lagrima con una mezcla de Alegria y Angustia por la nostalgia que me provoca este juego y su epoca, recuerdo con alegria lo que sentia al poder recrear, a su manera, la experiencia de jugar al "Tehkan World Cup" en mi casa en mi Modesta Spectrum. Luego tiempo despues salio el Michel Futbol que tambien me supo hacer muy feliz! Gran momento del Software Español! Como dicen uds. ENHORABUENA! LOS FELICITO! Dde las Pampas de Latino America, por estas obras maestras!

  5. Gran juego con el que eché muchas partidas con los amigos. Su lanzamiento fue un bombazo. Tras cargar el primer bloque del juego, si cargabas la versión inglesa salía "Program: Butragueno", pero si cargabas la española traía "Program: BUITRE". Junto con Match Day II creo que fue el juego de fútbol de Spectrum que más he jugado.

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