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Highlander (1986) Ocean

Un momento... ¿No eran Ramirez y MacLeod amigos?

Estamos en 1986. Alguien en Ocean entendió de manera perversa lo que era una licencia de una película de cine: un reclamo comercial para poder engañar al usuario ofreciéndole un juego carente de todo atisbo de calidad. Esta filosofía, que Ocean cambió radicalmente con Robocop, tuvo su máximo exponente en la adaptación de la película “LOS INMORTALES”, traducción totalmente fiel de su título inglés “HIGHLANDERS”.

Hay que aclarar que no es que el juego sea malo: al contrario, es una bazofia digna de vómito. Digo al contrario porque “malo” en esta ocasión es demasiado “bueno” para lo que semejante mierda inmunda merece. Sólo de pensar que alguien se gastó el dinero en esto me revuelve el estómago. Incluso de pensar que hay coleccionistas capaces de gastar 40 euros en el triste estuche en el que este engendro venía empaquetado me produce calambres en lo más profundo del escroto.

No, en serio, basta de bromas y exageraciones: si un mejillón pudiera vomitar su primera papilla (imaginaos, papilla de mejillón), lo que veríais sería una imagen mejor que perder una sola célula de vuestra retina observando los sprites de este juego. Todo empieza con una pantalla de presentación digna del retrete, con el rostro de la rubia del anuncio de Heno de Pravia después de una operación de estética fallida. La pantalla la firma Simon Butler, para su vergüenza eterna: un tipo con semejante currículum atreviéndose a dejar su sello en el rostro humano más horrendo que jamás se haya visto en un Spectrum, con la sola excepción del Sweevo´s World. Claro que Sweevo no era humano… vaya por Dios.

Comienza el juego y aparece un menú con la fuente original del Spectrum (ni se curran una un poco más bonita) para elegir el modo de control y preguntarte después si quieres jugar solo o con alguien. Esto es coña, claro, ya que encima se atreven a sugerirte que dejes seriamente tocado a un amigo tuyo, quizá un familiar, poniéndolo delante de esta inmundicia lavacerebros. Entonces aparece un escenario (hay incluso varios: un aparcamiento asqueroso representado por un charco y dos columnas, una casa con puerta y una escalera,…) con un magnífico sentido de la perspectiva, en un encuadre que puede denominarse “cenital-contrapicado-fugado-semiaxonométrica-puta-mierda-de-sentido-espacial”. El grafista ese día salió al pub londinense donde todo el equipo de Ocean decidió cogerse una toña de narices mientras se cachondeaban de cómo iban a tomarle el pelo al comprador del juego.

Se supone que se trata de un juego de lucha. Uno contra otro o contra el ordenador. Sprite contra sprite. Porque los sprites… los sprites son para dar de comer aparte. Coge un gráfico del tamaño de Willy el Minero y hazle un zoom para que se vean píxeles como garbanzos, ponle algo que parezca un gorro, y dale un palito que haga de espada. Hay cuatro personajes diferentes, pero es igual porque tienen el mismo carisma de una ciruela pasa. Pero lo peor no es lo espantoso del diseño sino que si aprietas los botones, el personaje hace amago de moverse. Incluso puede agacharse (o algo parecido, porque las piernas desaparecen: en realidad se pone ¡de rodillas!), aunque no sepas para qué: jamás sabrás si estás esquivando, golpeando con la espada o bailando el mambo. Por cierto, ¿por qué luchan MacLeod y Ramirez? ¿No eran amigos? ¿Alguien se leyó el guión?

Existe una barra de energía bajo cada oponente, pero hagas lo que hagas sólo baja la tuya. Golpeas, te mueves, acabas en el suelo y te matan. Y qué fantástica animación de muerte: durante una décima de segundo (no dura más, necesitarás entrenar tus ojos para verlo) la cabeza se separará de tu cuerpo, sale un rayo y tu enemigo se convierte en un judión de La Granja chisporroteante. ¿Cuál es la interpretación filosófica de la escena? No quieras saberlo. El caso es que sale entonces una pantalla contabilizando tus victorias y derrotas. Tu marcador siempre permanecerá a cero mientras albergas la esperanza de que haya un límite de derrotas para que la partida (y tu tormento) finalice. Pero no lo hay. 10 derrotas, 15, 25… No se puede ganar porque ni siquiera queda claro cómo se debe jugar.

Fue el último juego de Roy Gibson, implicado hasta entonces en proyectos competentes y que aquí nos ofreció su canto del cisne, concretamente un berrido. Si algo consiguió este juego es aumentar los ingresos de las farmacéuticas por ventas de ansiolíticos y que la imagen de Ocean acabara por los suelos, representando la máxima de “adaptación cinematográfica=truño seguro”. Afortunadamente, Ocean supo reaccionar y demostrar que también podía representar la máxima de “adaptación de serie de TV=truño seguro” con El Coche Fantástico. Pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión.

Valoración: 18%

Valoración Mierda Inmortal: 500%

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Firma: Jesús Martínez del Vas

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jmv

Jesús Martínez del Vas (1973) es Arquitecto, Dibujante y una de las personas que más sabe del Spectrum. Nos ilustra con su arte y sus conocimientos tanto en la web, con interesantísimos artículos, como en el Podcast con sus charlas que nunca querrías que terminaran. También es un ávido coleccionista que cuenta con uno de los más completos catálogos de cintas de Spectrum en nuestro país. Responde al nick JMV, vive en Madrid y lo encontraréis por aquí casi seguro junto a un lápiz y un cassette.

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17 comentarios

  1. Quizá es un poco exagerado el comentario pero desde luego ¿cómo hacer un comentario digno de un juego así? Reconozco que me he reído un montón 😉 seguro que me ha proporcionado más diversión leer el comentario que jugar al propio juego 😉 No volveré a comer mejillones XD XD XD

  2. Qué bueno, parece que te he leído el pensamiento 😉

    Pues sí, RollerCoaster es de esos juegos que también tenían su miga en Spectrum (y por lo que veo, su análogo en GameBoy).

    JMV, el próximo juego que analices que sea bueno, así te curas de espanto 😉

  3. No conocía este maravilloso juego… pero lo he probado, por curiosidad, ya que lo pones TAN bonito y TAN bueno… y coño… NO HE SIDO CAPAZ DE DAR NI UN ESPADAZO, ni con teclado, ni con joystick, NADA… con lo feliz que era yo en mi bendita ignorancia jajajaja

  4. xD me he reido mucho con el análisis. Es que el juego es un bodriazo de aquí te espero. El mejor momento para mi ha sido: "Coge un gráfico del tamaño de Willy el Minero y hazle un zoom para que se vean píxeles como garbanzos, ponle algo que parezca un gorro, y dale un palito que haga de espada"

  5. Pues no conocía este juego, pero acabo de bajarlo para probarlo y todo lo que puedo decir es que este artículo es demasiado indulgente con el "juego": hasta con el poke de energía infinita activado me ha costado horrores matar al Ramirez. Es que ni siquiera es uno de esos juegos que de puro malo resultan entrañables, no lamento nada el habérmelo perdido en su momento.

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