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Investrónica, el pulso español del Spectrum (1 de 2)

El mercado de la distribución en España de los microordenadores de 8 bits durante los 80 fue clave para llevar la informática a la mayoría de los hogares. Investrónica asumió el reto de traer los productos de Sinclair a nuestro país. Su director fue Ricardo García Gete. En este reportaje en dos partes, publicado originariamente en la revista Retro Gamer edición española, repasaremos su historia.

La vida comercial de la microinformática española arrancó hacia 1981-1982 gracias a la actividad pionera de distribuidores y desarrolladores de software como era el caso de Indescomp con José Luís Domínguez a la cabeza (más adelante, artífice exitoso de la llegada de Amstrad a nuestras tierras), y a la labor de Investrónica, del grupo El Corte Inglés, que se centró primero en los productos de Sinclair para luego dedicarse a introducir el Atari ST o el primer PC clónico de fabricación nacional. Si bien las dos fueron potentísimas empresas de distribución de hardware, fue esta última la que consiguió implantar primero una importante base de ordenadores Sinclair, popularizado la informática en los hogares nacionales.

Para entender los orígenes de Investrónica, conviene retroceder un poco en el tiempo. El grupo Induyco (Industria y Confección) fue fundado en 1949 por César Rodríguez González, empresario afincado en Cuba. Pese a la revolución cubana, consiguió conservar su patrimonio y trasladarse a Madrid en 1960. El Corte Inglés tardaría apenas dos años desde entonces en abrir un centro en Barcelona. En 1966 murió sin hijos y legó todos sus negocios a su familia, entre los que estaba su sobrino Ramón Areces, uno de los impulsores de El Corte Inglés. La marca no tardó en crecer de forma imparable, lo que incluyó al resto de las empresas del grupo, entre las que estaba Induyco.

investrónica diamond

Investrónica nació como filial de Induyco en 1981. «Yo entré allí a mediados del mes de julio -puntualiza Ricardo García Gete, director de la empresa durante buena parte de los años 80-, 15 de julio de 1981. Al poco tiempo de llegar allí, me cuentan lo que hace la empresa. Desde siempre había existido una primera área, dedicada a CAD/CAM (Computer Aided Design/Computer Aided Manufacturing, diseño, fabricación y corte textil), muy importante y de la que Investrónica llegó a ser líder mundial durante bastantes años. Ya tenían desarrolladas y vendidas algunas máquinas a compañías muy grandes del sector cuando yo llegué, máquinas de decenas de millones de pesetas en aquella época, equivalentes a millones de euros hoy día». Eran máquinas muy sofisticadas. «Abarcaban desde el desarrollo del producto textil hasta el corte, ¡que la máquina también cortaba! 40 o 50 pliegues para, por ejemplo, hacer camisas».

La palabra Investrónica estaba compuesta mediante los términos industria, vestido y electrónica.  «Estaba una vez en la cola de un aeropuerto -recuerda divertido-, y llevaba una tarjeta de la compañía, y un joven extranjero me dijo “qué bonito nombre de compañía, Inves de investment y Trónica de electronica, inversiones en electrónica”. Y tras eso, cuando alguien preguntaba, decíamos que sí, Investrónica de Inversión y Electrónica, aunque el origen ya sabes cuál es».

El área para la que había sido contratado Ricardo iba a tener, sin embargo, una actividad distinta. «Me contaron que estaban intentando diversificar hacia el mundo de la electrónica profesional, y en especial, si era posible, hacia la electrónica de consumo. Para ello había ya un acuerdo con Osborne, que había nacido por aquel entonces; otro con Cromemco, que fue una compañía de corta vida posterior; y luego tenían simplemente una carta, en la cual Sinclair Research Ltd. decía que si empezaban a interesarse en España por el ZX81, sería Investrónica la que lo distribuiría». Lo primero que hizo Ricardo fue comprender qué tipo de máquina era la que se le estaba ofreciendo a su compañía para introducir en España. «La primera pregunta era “esto dónde se va a vender”, porque entonces no había PCshops ni similares. Yo conocía el mundo de la distribución de componentes a través de Philips, 10 o 12 años antes, conocía a mucha gente, y cómo se movía ese negocio. Pensé que de momento había que entrar por ahí». Para ello, un primer movimiento fue tantear grupos de distribución de componentes en Madrid y Barcelona. Pero muchos no estaban interesados porque no les parecía que lo pudieran vender, era algo más relacionado con la informática, y les parecía que se salía de su campo comercial. Ni los propios responsables de las tiendas tenían muy claro para qué valía, ni era algo que el propio Ricardo tuviera claro en aquel momento. Se trataba de un mundo por descubrir. «En el 81 era saltar al vacío»- resume Ricardo.

Testeo de los ZX81 en la fábrica de Timex.

El equipo de investigación de Investrónica, situado en la tercera planta de su sede en la calle Tomás Bretón 62 de Madrid, estaba dirigido por Rodrigo Becerra (tristemente fallecido) y tenía un excelente nivel técnico. Ya estaban trabajando con el ZX81 traduciendo el manual, diseñando algún programa para su limitado Kb de memoria RAM… «Incluso viendo los programas que estaba entregando, vendiendo o recomendando Sinclair. Y allí ya se empezó a crear un grupo de gente especializada en Sinclair, y al mismo tiempo en Osborne y Cromemco, que iban a compartir en aquella área, y en el área comercial, la introducción del producto. El ZX81 salió adelante con el éxito que conocemos. Cromemco era una máquina para otro entorno. Con Osborne, empezamos a recibir a responsables americanos, nos facilitaron toda la documentación que hizo falta, y tanto es así que al poco tiempo de salir en el mercado norteamericano, nos dijeron que ya estaba disponible el teclado que habíamos gestionado con ellos para que estuviera en castellano. Empezamos a recibir alguna muestra. Eso coincide con el SIMO del año 81: nos presentamos allí con información escrita de las máquinas que llevábamos». No era una empresa desconocida: había gente que ya les conocía porque estaban relacionadas con el área de CAD/CAM y les habían comprado productos de Induyco. «El ZX81 fue muy atractivo para gente que leía sobre el tema, que iba a Londres-Inglaterra. Con Osborne también hubo interés de particulares, pero sobre todo de empresas, y especialmente multinacionales». Muchas de ellas fueron auditorías: Ernst & Whinney, que más tarde se fusionó con Arthur Young para formar EY (una de las cuatro grandes de la consultoría) les pidió 200 máquinas. En el caso de Cromemco, a los pocos meses se evidenció que era un producto muy difícil de llevar. «Eran máquinas que necesitaban un soporte de ventas y de mantenimiento importante». Así que nada más empezar 1982 se centraron en gestionar prioritariamente pedidos del ZX81.

Desde I+D tenían contacto con todos los técnicos de Sinclair. «Yo tenía más contacto con los responsables comerciales y de márketing. Sinclair era un tipo raro, cordial. El director comercial de Sinclair era Charles Cotton. Comencé a ir allí con cierta asiduidad, tratar formas de pago, las relaciones con el agente del grupo Induyco para las compras,… Entonces no había Unión Europea ni moneda única». De esta forma, y con las condiciones ya fijadas, se concretaron los trámites burocráticos de rigor para la importación (cartas de crédito). En octubre de 1981 Investrónica contactó con los responsables de El Corte Inglés, ajenos a todo ello. La empresa de Ricardo siempre tuvo una enorme libertad de acción y decisión sobre sus actividades sin necesidad de intervención de El Corte Inglés salvo contadísimas excepciones. Recibieron la visita de varios directivos del grupo. «Se quedaron sorprendidos, y lo primero que preguntaron era para qué valía eso y si lo podían vender y se vendía ya en algún sitio. Preguntas muy típicas de una gran superficie cuando le presentas un producto que en España prácticamente no se conocía en aquel entonces. Nos dijeron que si creíamos que podía funcionar, nos reservarían un hueco. Y fue un hueco importante por ser quienes éramos».

Sinclair ZX Spectrum

El año 1982 fue el destinado para que Sinclair lanzara el ZX Spectrum. «Ese sería nuestro siguiente paso. Pero después del verano hablamos con ellos y nos dicen que están teniendo muchos problemas técnicos, muchas devoluciones, y que ya han decidido que no lo van a lanzar en el 82». El revés para Ricardo fue importante, y se encontró en Londres con otra persona intentando decidir qué podría vender esas Navidades. «Esta persona me habló del Acorn, el BBC, pero me comentó que acababan de sacar uno que volvía loca a la gente, con un diseño clavado al Apple II. Se llamaba Dragon. Me dijo que estaban en Gales. Me planté allí y les expliqué que éramos los distribuidores en España de Sinclair, que teníamos una red de distribución lo suficientemente importante». Y así era, ya que por aquel entonces había tiendas de consumo vendiendo los ZX81, tiendas de componentes como Electroson (en País Vasco y Madrid), Sonitel (en gran parte de España), etc. Los fabricantes del Dragon parecían sólidos y de garantías. «Pertenecían a un grupo que se llamaba Mettoy, que eran unos juguetitos de reproducciones a escala, y que eran los amos en Inglaterra y gran parte de Europa». Ricardo no tardó en volver a Gales. «Se hizo la típica carta de crédito, me llevé el ordenador debajo del brazo para el departamento de I+D, les parecía que tenía muy buena pinta (era un ordenador con procesador Z80) y me pidieron que hablara con ellos para que nos facilitaran.. no me acuerdo cuantos, pero el caso es que era tal cifra que cuando fui allí a comunicarlo, me dijeron que no, que no tenían capacidad. Pero después me enteré que no tenían capacidad ni técnica ni financiera. Pese a eso, nos trajimos todo lo que nos dieron y los vendimos». Pero fue una historia corta porque poco después Sinclair les comunicó que estaban resolviendo todos los problemas que habían tenido en las Navidades, y que en breve podrían disponer de unidades para distribuir. «Todo lo que había que traducir, manuales, programas, estaba ya todo hecho cuando nos dijeron que okey. En el mes de abril hicimos una presentación en Madrid, otra en Barcelona».

El Corte Inglés empezaba a vender bastante en relación al resto de la red de distribución. En el ejercicio de 1981 ya se vendieron del ZX81 algunas decenas de miles. «No era algo simbólico, y la distribución empezaba a tener cierto sentido. 200 tiendas, que eran 200 puntos de venta, y luego El Corte Inglés que tenía 18 centros. Y había puntos de ventas donde vendía muy muy bien, recuerdo San Sebastián. Electroson vendió el Spectrum muy bien allí». La campaña de publicidad salió en revistas, en las pocas que había, fundamentalmente del grupo VNU: Ordenador Personal y ZX. Pero la clave del despegue del Spectrum estaba en otro lugar: en el Un, Dos, Tres.

Publicidad TV Spectrum

En verano del 83, Ricardo habló con el dueño de la agencia de publicidad, que le sorprendió con una propuesta que parecía en aquel entonces osada. «Me dice “¿Y si esto se hiciera en televisión?”. Le dije “¿Pero sabes lo que cuesta la televisión? Un anuncio en el Un, Dos, Tres cuesta siete millones de pesetas, veinte segundos”. Fue una charla informal pero más tarde empezaron a elucubrar sobre tal posibilidad. «Un día, después de las vacaciones, se lo planteé a los responsables. Entonces ya existían audiencias y en base a ello se cobraban los spots. Y el 80% de los españoles veía el Un, Dos, Tres». Antes de las Navidades empezaron a preparar el SIMO del 83, momento en el que recibió vía libre para presentar una propuesta: costes en La 1, La 2, tipología de los anuncios, coste estimado…. «Tal cual iban las ventas, nos dijeron que adelante, e hicimos dos spots de 20 segundos. Eran distintos, los dos tenían aplicaciones: uno era para niños, pero ya adolescentes. “En el Colegio me han mandado unas ecuaciones que…” “Pues vete al Spectrum que allí vas a encontrar…”. De ese estilo. Y el otro era distinto, entraba la señora o el señor en la casa y decía: “Oye ¿has hecho la compra?” “Pues espera que miro el presupuesto en el Spectrum y…”. Así los hicimos».

Aparecieron en las primeras semanas de diciembre de 1983 y tuvieron un tirón muy importante, provocando un auténtico fervor por el ZX Spectrum. «Desde el mes de abril hasta que empieza el curso aquello había ido creciendo sin parar. Y ya preveíamos que las Navidades se nos iban a dar fenomenal. Pero aquello no fue fenomenal, fue tremendo. Ese fue un despegue importante para lo que después vino». Otro canal que exploró Ricardo para la venta del ZX Spectrum fue utilizar los bancos. «En 1983, en un sólo mes con el Banco Hispanoamericano colocamos 16.000. O los financiaba a sus clientes, o por pasivo, como El Libretón del BBVA: dejaban en depósito 50.000 o 100.000 pesetas y se regalaba el Spectrum. Lo hicimos con el 50% de las cajas de España, Caja Asturias, etc, y cada una de ellas se llevaba 2.000-3.000 ordenadores».

En Investrónica empezaron a estudiar cuál tenía que ser el acompañamiento ideal del ordenador, focalizando su atención en el software. «Tuvimos reuniones con los grandes de aquel entonces, nos sentamos por ejemplo con Psion y con Quicksilva. Tradujimos los juegos de Psion, Sinclair les decía que éramos los que más vendíamos en Europa y que nos dieran toda la documentación para traducirla. Nos ponían cero dificultades. Lo mandaban todo a la planta tercera, a I+D, y con un equipo lo suficientemente experto, y conociendo muy bien Sinclair, lo traducían todo». Pensaban en el apartado lúdico «pero también en lo del segundo spot -puntualiza Ricardo-. Aplicaciones para las compras del hogar, una tienda pequeñita, ese estilo de cosas». Una de las principales vías españolas de desarrollo y edición de software vino facilitada por Indescomp, con la cual contactaron. «Yo ya conocía a José Luis Domínguez, porque nos había empezado a comprar, a través de sus dos tiendas, productos Spectrum y ZX81. Tuvimos una reunión para ver si podían hacer desarrollo de software, y ahí sí que se firmó un contrato. De tal manera que nos tenía que presentar cada mes una serie de juegos, y de ahí elegíamos los que se publicaban. Y los vendíamos nosotros con nuestro nombre». Ricardo aún conserva memoria para recordar las líneas generales del acuerdo. «Nosotros nos comprometíamos a comprarle 500 unidades, para empezar, de cada uno de los tres juegos que se seleccionaban en nuestro departamento de I+D. Teníamos muy buena relación con José Luis, un hombre muy abierto».

horacio-horace-cassette

Para Sinclair, la importancia del mercado español (aparte del británico) no ofrecía dudas. «El número uno. El uno». En el 1983 ya había tenido oportunidad de conocer a Sinclair. «Ellos tenían dos residencias. Una era la de Londres, que era una casa. Estaba en Belgravia, que era donde estaban las embajadas. Le conocí allí, en una presentación para cuatro o cinco personas. Y luego después le volví a ver otra vez en Cambridge, en unas oficinas que estaban muy bien, en una antigua fábrica que reformaron, unas oficinas muy modernas, muy elegantes. También en una fiesta que dio una vez en su nueva casa. Hay una calle principal en Cambridge donde están los grandes colegios, la Universidad. Ahí cerca se compró la casa, que se llamaba Stonehouse. Se llamaba así porque era de piedra, y además era gótica. La había reformado, creo que fue donde metió todo el dinero que había ganado para disfrutarlo, el pobre hombre. Porque luego me lo encontré años después en Chicago, y me daba la sensación de que estaba rampando (risas). Aquella sí que fue una fiesta con todo el mundo, fueron todos los distribuidores, los pequeños y los grandes, el de Arabia Saudita siempre estaba mirando para atrás porque tenía una copa de champagne en la mano y decía “como me cojan con esto, me cuelgan”. Sinclair era un hombre no simpático, no cordial, y me refiero a que él decía lo que tenía que decir, y no se permitía un chiste o alguna licencia como suele hacer la gente que está de cara al público. Contaba lo que tenía en su guión, contaba alguna anécdota, cuando sacó su primera calculadora, pero poco más».

Continúa en la parte 2.

Puedes también escuchar nuestro especial Investrónica en El Mundo del Spectrum Podcast, programa 7×05.

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Jesús Martínez del Vas (1973) es Arquitecto, Dibujante y una de las personas que más sabe del Spectrum. Nos ilustra con su arte y sus conocimientos tanto en la web, con interesantísimos artículos, como en el Podcast con sus charlas que nunca querrías que terminaran. También es un ávido coleccionista que cuenta con uno de los más completos catálogos de cintas de Spectrum en nuestro país. Responde al nick JMV, vive en Madrid y lo encontraréis por aquí casi seguro junto a un lápiz y un cassette.

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3 comentarios

  1. Madre mía qué bien me lo he pasado leyendo este artículo, me retrotrae a los tiempos en que aún no tenía un Spectrum y la llegada de semejante tecnología a las manos de un chaval en España era como adentrarse en la ciencia-ficción. Por favor, no tardéis en publicar la segunda parte y muchas gracias a El Mundo del Spectrum y al gran JMV.

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