
A veces uno se pone a recordar como antaño un juego por el que tenías buenas vibraciones resulta que no era ni mucho menos lo esperado y se te quedaba esa espinita clavada en forma de “lo jugaré otra vez, acabará gustándome”. Y uno sabía que no iba a acabar gustándole, era un autoengaño necesario después de haberte gastado la paga de un mes o más en el juego de los demonios. Gran parte de la responsabilidad que esto ocurriera recae sobre la presentación del programa, los eslogans que por entonces tenían mucho poder, la publicidad generada en prensa especilizada y los pantallazos de turno sobre papel para poner al personal con los dientes largos. Y al final volvías a cargar el juego, volvías a experimentar lo que no te gustaba y volvía a palmar antes de la cuenta. A los días lo volvías a probar para convencerte de que quizá con el tiempo, pero no. Al final la cinta quedaba por ahí arrumbiada con otros títulos menores para engrosar la colección y poco más. Para la ocasión os traigo un título de esos que podía cautivarte con todo esto pero que para mal acababa naufragando a pesar de todo. Bienvenidos a una lucha a capa y espada que nunca debió suceder: Knight Force.

Knight Force no es un juego horroroso, pero no cumple con lo que aparenta, ese es el problema. El título reunía todos los requisitos para atraer al jugador de la época: una portada muy visual e impactante, unas capturas atrayentes del gameplay (en otras plataformas claro), una historia interesante y un publicidad en prensa que hacía las delicias de la portada a mayor escala. Más allá de eso el título no aporta prácticamente nada. Bien, volvemos a la última etapa comercial del Spectrum, 1990 para ser exactos, por entonces la casa francesa Titus ponía en liza Knight Force. Fue ese mismo año cuando dicha casa terminaría su producción para juegos de Spectrum lanzando juegos de perfil similar, atrayentes y cuidados en su aspecto pero de jugabilidad más bien escasa y poco atractiva. El juego cuenta la historia del reino de Belloth, para quienes la existencia es una pesadilla al ser abandonados por su héroe, el caballero del trueno, quien parte en busca de la princesa Tanya, capturada por el cruel hechicero Red Sabbath, partidario de hacerse con el poder y sembrar la tiranía sobre la humanidad. Para ello el brujo lanza un hechizo sobre el reino de Belloth con el que controla los secretos del viaje en el tiempo, solo conocidos hasta entonces por los habitantes de Belloth, quien habían hecho del reino un cruce de caminos entre el tiempo y el espacio.

Pues bien, como podéis haber imaginado nuestro protagonista viste armadura y maneja “la asesina de acero”, que es como se llama su espada. En su aventura el caballero deberá ir viajando por el tiempo hasta llegar a su época y alcanzar el castillo del enemigo, pero para ello ha de salir airoso de cada época y llevarse en cada una de sus visitas los amuletos mágicos del poder con los que podrá derrotar a Red Sabbath. Empezamos la partida con la presentación de la zona de los viajes en el tiempo, representada por una serie de dólmenes que nos llevarán a las diferentes épocas de las que consta el juego. La primera de ellas será el futuro. Empieza la partida y con un atractivo emplazamiento, que solo consta de una pantalla fija, comenzamos a mover al caballero, de gran tamaño por cierto. El movimiento no está nada mal para el tamaño del protagonista, es ciertamente ágil pero que queda empañado por unos controles no redefinibles que echan para atrás. Con la poca chicha que tiene cada nivel deberían haber dado la opción de elegir teclas, punto negativo.

Bueno, en cada fase nos encontraremos con unos enemigos determinados, algunos de ellos bastante ridículos como por ejemplo (en el primer nivel) un pato con cara de pocos amigos, un muelle saltarín o una especie de raya voladora. Completa el elenco un robot cuya principal amenaza es una especie de chorro de vapor. Madre mía, aquí solo falta el conejo decapitador de Los Caballeros De La Mesa Cuadrada y tenemos una escena de los Monthy Python. Si deambulamos por la pantalla de lado a lado nuestro nivel de vida, representado en la parte inferior de la pantalla por un yelmo, bajara rápidamente y todo acabara con un escueto “Game Over”. Frente a los enemigos conviene agacharse, momento el en cual nuestro intrépido caballero se cubre con su escudo y deja de ser vulnerable. Eso sí, en esta posición no podemos atacar de ninguna manera así que toca hacer uso del acero tarde o temprano porque el nivel solo se pasa masacrando enemigos hasta que la barra de energía del hechicero llega hasta abajo, momento en el que obtenemos el amuleto mágico necesario para pasar de nivel pero antes tendremos que ensartar cual espeto al pato con cara de mala leche. De esta ridícula manera accedemos a los sucesivos niveles. El segundo nivel nos lleva a un embarcadero de Nueva York y la mecánica vuelve a repetirse. Enemigos que atancan a diferentes niveles y que nos obligarán a movernos sin parar para no morir en un santiamén. Knight Force no ofrece nada más, es de esos títulos en los que te pasas un nivel y ya lo has visto todo, lo demás como que sobra. El tercer nivel nos transporta a unas cavernas prehistóricas mientras, el cuarto nos lleva a los aledaños del castillo final, y el último nos enfrentará a Red Sabbath mientras que la princesa es testigo del duelo. Un bonito escenario que pone broche a este pobre título.

Te quedas con lo estético que es de lo poco que salva al programa, como por ejemplo el caballero y su bonita armadura y el decorado de algunos de los niveles, aunque ciertamente empañado por el carácter monócromo propio del ZX frente a otros ports del juego. Como comenté antes el movimiento no está nada mal pero es que las mecánicas de juego son muy poco agradecidas. A ello sumamos una dificultad elevada, un apartado sonoro casi ausente y rematamos con la sensación de un juego muy vacio, sin alma. El título viene a ser un reflejo de lo que Titus venía publicando por entonces para Spectrum, juegos como Dick Tracy o Wild Streets, que son ciertamente reminiscentes a este Knight Force, atractivos a la vista pero carentes de sustancia. En una entrevista para Retro Gamer, uno de los empleados de Titus por entonces, Jean –Charles Merygnac afirmó que la ambición de la empresa era crear el mayor número de títulos en el menor tiempo posible, “sin que importara la calidad”. Pues eso mismo, queda todo dicho. Las reseñas del momento así lo atestiguan; Crash: “Knight Force es uno de esos juegos que luce fantástico, que tiene una gran presentación pero es una pérdida de tiempo en lo que se refiere a jugabilidad” (60/100). Your Sinclair apuntaba a los mismos defectos “Los gráficos son bien bonitos (si bien los sprites tienden a confundirse un poco con el fondo) aunque el sonido es basura. Incluso si la jugabilidad hubiera sido trabajada correctamente y todo funcionara como debiera, no me imagino a nadie volviéndose loco por Knight Force. No hay mucho más, y lo que hay ya se inventó antes” (59/100). Los redactores de Microhobby vieron igualmente que el juego de Titus “resulta atrayente externamente, pero no invita excesivamente a jugar” (70/100).

Si Knight Force hubiera sido publicado como un programa de bajo presupuesto podría estar medianamente justificado, pero siendo un juego de 1990 por el que te clavaban 875 pesetas…, además ¡Es multicarga! Una cosa que se queda a medio camino de todo, y ciertamente es una lástima porque tiene buenos mimbres, un poco más de dinamismo en su haber y hubiera salido un juego, como mínimo, resultón. Esa filosofía de Titus de sacar juegos como churros cueste lo que cueste quizá condenó al juego y a otros que vinieron por entonces. Qué queréis que os diga, para juegos mediocres de espada me echo una partida a Sgrizam (Dinamic, 1985), la verdad que se me hace más entretenido, que ya es decir. Salud y píxeles.

Un título con nula repercusión en la escena.
Gráficos - 80%
Movimiento - 75%
Sonido - 35%
Jugabilidad - 35%
Adicción - 35%
52%
Knight Force llegó como port de la versión Amstrad. Esta última, obviamente más colorida y algo más extensa en niveles.






