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Turbo Esprit – Solución completa – Gameplay

¿Eres de los que nunca supieron qué hacer en Turbo Esprit? ¿Todavía tienes la espinita clavada y quieres completarlo? Perfecto, este es tu vídeo porque aquí encontrarás una partida completa de principio a fin.

Turbo Esprit es uno de esos juegos de Spectrum que muchos recuerdan perfectamente, aunque no todos llegaron a comprender qué había que hacer exactamente. Era fácil cargar el juego, ponerse al volante de aquel deportivo y empezar a recorrer sus calles sin tener demasiado claro cuál era nuestro objetivo. Y eso hizo que más de uno terminara abandonándolo pensando que aquello consistía simplemente en conducir por una ciudad con poco más que hacer.

Pero Turbo Esprit tenía bastante más detrás. Nuestra misión es relativamente sencilla: somos un policía al volante de un deportivo y debemos acabar con una red de traficantes de droga. El juego cuenta con cuatro zonas urbanas diferentes y, una vez comienza la partida, una de nuestras principales herramientas es el mapa. Ahí debemos localizar los vehículos relacionados con los traficantes, seguir sus movimientos y evitar que consigan realizar sus intercambios.

Porque no se trata únicamente de encontrar un coche enemigo y perseguirlo. Los delincuentes circulan por la ciudad, se desplazan de un punto a otro y pueden encontrarse con otros vehículos para realizar las entregas. Nuestro trabajo consiste en detectar esos movimientos, anticiparnos y evitar que los intercambios lleguen a producirse. Cuando conseguimos localizar uno de los coches que buscamos, comienza la persecución: podemos seguirlo por las distintas calles, cerrarle el paso, golpearlo con nuestro vehículo hasta dejarlo fuera de combate e incluso disparar desde el coche contra los vehículos de los delincuentes.

Turbo Esprit

Quizá ahora no parezca algo especialmente llamativo, pero conviene recordar que estamos hablando de un juego aparecido en Spectrum en los años ochenta. Y es precisamente ahí donde Turbo Esprit empieza a mostrar todo lo que tenía que ofrecer. La conducción utiliza una curiosa perspectiva a medio camino entre una vista desde el interior del vehículo y una cámara en tercera persona, mientras frente a nosotros aparece una ciudad tridimensional por la que podemos movernos con bastante libertad.

Podemos cambiar de carril, girar en los cruces, tomar otras calles, derrapar y utilizar los intermitentes. También podemos respetar los semáforos o ignorarlos, aunque hacerlo puede tener sus consecuencias. Incluso podemos atropellar a los peatones, algo que, evidentemente, no encaja demasiado bien con nuestra condición de agentes de policía.

Una de las cosas que más sorprenden de Turbo Esprit es precisamente la sensación de estar circulando por una ciudad que tiene sus propias reglas. Por las calles se mueven otros vehículos, los peatones caminan por las aceras y utilizan los pasos de cebra, y cuando los semáforos se ponen en rojo el tráfico se detiene mientras la gente cruza la calle. Además, no todas las vías son iguales: encontramos calles y avenidas de distintas anchuras, cruces, rutas alternativas y atajos que podemos aprovechar para intentar interceptar a nuestros objetivos.

Incluso tendremos que preocuparnos por el combustible. Si el depósito empieza a quedarse vacío, podemos acercarnos a una gasolinera para repostar y continuar con la misión. Es un detalle más dentro de un juego que intentaba ofrecer una ciudad bastante más compleja de lo que podía parecer durante los primeros minutos.

Turbo Esprit

El problema es que Turbo Esprit no siempre conseguía explicar bien todo esto al jugador. Y en una época en la que muchas veces jugábamos sin instrucciones, con una cinta prestada o simplemente intentando descubrir las cosas por nuestra cuenta, era muy fácil empezar a conducir, no entender qué estaba ocurriendo y terminar pasando a otro juego.

Sin embargo, cuando entendemos su planteamiento, todo empieza a tener bastante más sentido. Hay que consultar el mapa, localizar los vehículos sospechosos, seguir sus movimientos, anticiparse a los intercambios y actuar cuando encontramos nuestro objetivo. Lo que en un primer momento podía parecer un paseo sin rumbo por una ciudad se convierte entonces en una mezcla de conducción, persecución, acción y estrategia.

Y probablemente ahí esté una de las razones por las que Turbo Esprit sigue resultando interesante tantos años después. No solamente por lo que conseguía técnicamente en un Spectrum, sino por la cantidad de ideas que intentaba reunir en un mismo juego: una ciudad con tráfico, peatones, semáforos, cruces, diferentes rutas, gasolineras, persecuciones, disparos y una misión que se desarrolla mientras todo eso sucede a nuestro alrededor.

Así que si en su momento Turbo Esprit te pareció confuso, si condujiste durante unos minutos sin saber exactamente qué estabas haciendo o acabaste dejándolo de lado porque no terminabas de entender cuál era su propósito, quizá sea un buen momento para darle otra oportunidad. Esta vez mirando el mapa, siguiendo los movimientos de los traficantes y sabiendo qué espera realmente el juego de nosotros.

Porque detrás de aquellas calles había bastante más juego de lo que parecía. Y puede que, muchos años después, Turbo Esprit todavía tenga alguna sorpresa reservada para quienes nunca llegaron a descubrir cómo se jugaba realmente. Es el momento.

Gameplay de Philip Kendall de la magnífica web RZX Archive.

¿Quieres ver en análisis que hicimos en su momento de esta joya? Puedes leerlo aquí: Turbo Esprit.

El Mundo del Spectrum

El Mundo del Spectrum es un medio digital dedicado al Sinclair ZX Spectrum, a los 80 y al Retro en general. Nació como homenaje a Microhobby en 1996 en formato revista mensual evolucionando hasta esta cuarta época. Como medio audiovisual se publica regularmente el Podcast llamado El Mundo del Spectrum Podcast y material en vídeo en el canal de Youtube. Publicados dos libros de gran éxito editorial. Si te gusta el Retro y el Spectrum en particular, esta es tu web. Bienvenido/a.

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