
Aunque ya hablé sobre la influencia de la Guerra Fría en mi crítica de Soviet (Opera, 1990), estaba reservando el mejor para este artículo. Uno de los fenómenos políticos más noticiables a principios de la década de 1980 eran las revoluciones en América Latina. El Salvador inició una cruenta guerra civil en 1979 -que no cesó hasta 1992- al mismo tiempo que los sandinistas terminaban con la dictadura de Somoza en Nicaragua.
La batalla por el control de América Central se recrudeció con la aparición de la famosa “contra” nicaragüense apoyada por los Estados Unidos. Estos acontecimientos volvieron a poner de moda la lucha guerrillera en el continente y no tardaron en impregnar la cultura popular de la época. Los niños del momento estábamos pendientes de Arnold Schwarzenegger y sus producciones repletas de violencia. En Commando (1985) debía luchar contra las fuerzas insurgentes de Val Verde, una isla ficticia del Caribe, mientras que en Depredador (1987) neutralizaba un campamento guerrillero antes de toparse con su antagonista extraterrestre. Mucho más tarde, Sylvester Stallone y sus Mercenarios (2010) liberaban otra isla caribeña llamada Vilena de las garras de un dictador corrupto.

Los salones arcade comenzaban a traer recreativas run and gun claramente inspiradas en estos conflictos. Siempre recordaré la impresión que me causaba Commando (Capcom, 1985). Un héroe solitario saltaba de un helicóptero y se internaba en una selva plagada de enemigos. Aquel shoot’em up de desplazamiento vertical fue portado a todo tipo de máquinas, desde Atari 2600 a PC. Más explícito fue Ikari Warriors (SNK, 1986) que tardó un par de años en ser llevado a nuestro sistema por Elite –al igual que Commando–. En este caso la distribución corrió a cargo de MCM y todo estaba más claro: “Un grupo de revolucionarios ha secuestrado al General Alexander Bonn, de las Fuerzas Americanas C.I.F. en América Central”.
El caso de Contra (Konami, 1987) fue más escurridizo. En los 8 bits lo conocimos bajo el nombre de Gryzor. Se trataba de otro superguerrero que se internaba en la jungla para aniquilar al enemigo, combinando el desplazamiento horizontal y en profundidad. El componente de ciencia ficción podía relacionarse con el éxito cinematográfico de James Cameron Aliens (1986), pero el nombre hacía clara referencia a la contraguerrilla nicaragüense. Ese mismo año SNK se dejó de tonterías y publicó en Japón Guevara, así, sin más. En el resto del mundo lo conocimos como Guerrilla War. Volvíamos al desplazamiento vertical para hacer lo de siempre: matar, matar y matar. ERBE nos contaba que manejábamos a un marine que debía liberar una isla tropical sojuzgada por un dictador, pero en la pantalla de presentación aparecía el Ché.

Poco a poco los cárteles de la droga tomaron el relevo de las guerrillas, tal y como pudimos ver en Snowstrike (Epyx, 1990). Se trataba de un ágil pero limitado simulador de vuelo cuya acción transcurría en la costa colombiana. En ese mismo escenario encontrábamos a Narco Police (Dinamic, 1990), un agente futurista que ya no se enfrentaba a rebeldes barbudos. Antes de terminar esta introducción merece la pena detenerse en la mutación argumental del Midnight Resistance, la popular recreativa de Data East. El malo de la versión Spectrum (1990) era un cruel dictador llamado “comisario”, al menos en la traducción de ERBE, mientras que la publicidad oficial de Microhobby (año VII, nº202) nos hablaba de un Rey Crismón y sus temidos guerrilleros. Pero en su lanzamiento para Sega Genesis (1991) las instrucciones presentaban la lucha del protagonista, Johnny Ford, contra el narcotraficante Rey Crismón en una isla tropical. ¿Qué fue de las guerrillas? Era el signo de los tiempos. A principios de la nueva década, el comunismo se había derrumbado y Pablo Escobar era el enemigo número uno. La definitiva muerte del Spectrum en 1992 nos impidió prolongar nuestra lucha contra el imperio de la droga.
El juego
“Acabas de convertirte en el presidente de Ritimba, una pequeña ‘república bananera’ en algún lugar vagamente ecuatorial (…). La inestabilidad del país garantiza que tu mandato será breve y terminarás o bien muy muerto o en el exilio”. Con estas alentadoras frases DK’Tronics nos daba la bienvenida a este original y brillante simulador de gestión política. Eran los primeros años de la máquina, con un catálogo de juegos todavía por hacer y un público algo difuso. Aquellos programadores noveles estaban experimentando con temáticas novedosas, algunas de ellas costumbristas y otras ligadas a la actualidad. No todo eran clones provenientes de las máquinas recreativas. ¿Se estaba buscando un público más adulto? El único paralelismo que podemos encontrar en España sería Elecciones Generales (Juegos & Estrategia, 1986), un juego en el que podías crear tu propio partido y competir con las grandes siglas del momento, es decir, PSOE, AP y CDS. Estaba claro que las microcomputadoras apuntaban a un público más amplio que el de las consolas estadounidenses, aunque el resultado final fuese el mismo. Seamos honestos, era muy poco probable que un chavalín de 8 o 10 años se desviviera por llegar a casa y tomar decisiones políticas.

Dictator fue lanzado para ZX81 en 1982, y al año siguiente se publicaron las versiones de ZX Spectrum y Commodore 64. A España llegó en 1984 de la mano de ABC Soft pero todo el juego está en inglés, solo las instrucciones fueron traducidas. Aunque Spectrum Computing afirma que el precio era 1.495 pesetas, pueden verse ediciones que costaban 2.400 pesetas según el etiquetado de El Corte Inglés. Ambas versiones (Spectrum y Commodore) tenían carátulas diferentes, una característica nada casual de la que hablaré más adelante. El juego estaba adaptado para las nuevas máquinas de 8 bits, pero sin llegar a aprovechar sus recursos. Se trataba de un port poco esmerado que, sin embargo, rompía moldes en muchas facetas. A mis manos llegó en una cinta piratesca, con las instrucciones de carga en portugués, y debo reconocer que tardé más de la cuenta en descubrir sus talentos ocultos. Sin pantalla de presentación, el programa arrancaba con un mensaje que decía: “ideado y escrito por Don Priestley”. Al pulsar cualquier tecla, un curioso juego de texto, efecto flash y beeper del Spectrum nos presentaba la bandera y el himno nacional de nuestro país imaginario. Ojo, en la segunda pantalla aparece como “Ritimban”… ¿Errata o bug?
La mecánica era sencilla e ingeniosa al mismo tiempo, y con este título podemos decir aquello de “ni de izquierdas ni de derechas” sin despeinarnos. El señor Priestley supuso que en la parte más recóndita de nuestro corazón despreciamos el sistema electoral, por lo que nos concedió el poder absoluto de Ritimba pero sin ninguna pauta ideológica. Implementar políticas que podemos tildar de izquierdas o de derechas depende en exclusiva de las decisiones que vaya tomando el jugador, porque de eso va Dictator, de tomar decisiones. Aquí no hay acción, ni muñequitos que manejar, ni artefactos que guiar, se trata de una serie de pantallas estáticas con información y diversas opciones a elegir, entre 2 o 5 según la cuestión que se nos plantee. Generalmente son decisiones políticas como favorecer a determinados grupos sociales, pelear contra las guerrillas que nos acechan o estrechar relaciones con las superpotencias de entonces, es decir, EEUU y la URSS. La campaña de marketing de Dictator jugaba con esta doble posibilidad de manera magistral. Mientras la carátula de ZX Spectrum nos mostraba unos militares inspirados en Augusto Pinochet, la de Commodore 64 nos ofrecía una caricatura basada en Fidel Castro o Daniel Ortega. Una forma ingeniosa, hábil y audaz de presentarse ante el posible comprador.
Cada decisión que tomes tendrá un costo económico y otro de apoyo social. Si siempre favoreces a los terratenientes las clases populares se alejarán de ti y viceversa. Periódicamente serás informado del estado de las cuentas y tu policía secreta te hará llegar una encuesta que refleja el estado de ánimo de la población. Los actores sociales que debes tener en cuenta son: ejército, campesinos, guerrillas, leftotanos (habitantes de Leftoto), policía secreta, rusos y americanos. Cada una de las medidas que tomes afectará en el estado de ánimo de todos ellos, debiendo llegar a un equilibrio –en la medida de lo posible– si no quieres ser víctima de una revolución. Esta estallará tarde o temprano, puedes retrasar lo inevitable pero es imposible perpetuarse en el poder. El juego desencadena revueltas de manera aleatoria y tu supervivencia dependerá de tu índice de popularidad en ese momento. Puedes sobrevivir o ser depuesto, tal y como ocurría en los noticiarios de la época. No obstante, existe la opción “Advice” que anticipa las consecuencias de tus decisiones. ¡Cuidado! Acceder a información privilegiada, incluso de tus propios servicios de inteligencia, te costará dinero. Siempre tendrás la opción de rechazar los informes pero, si lo haces, tu popularidad caerá y podrán organizar un complot contra ti.

Dictator es extrañamente atemporal. Una de las pantallas te avisa del malestar de tus trabajadores con la llegada de mano de obra migrante procedente de Leftoto, nombre del país vecino que no es sino un juego de palabras con left. Otra te dirá que los terratenientes no quieren que uses sus tierras con finalidad militar, y un largo etcétera de situaciones creativas que deberás evaluar. Las pantallas de elección son de dos tipos. La más común te presenta un problema concreto que debes solucionar, decidiendo si apoyas o rechazas la reivindicación concreta que se te presenta, mientras que un segundo tipo te da la oportunidad de actuar por iniciativa propia: “1. Ayudar a un grupo, 2. Ayudar a todos los grupos, 3. Aumentar tu popularidad, 4. Recaudar dinero o 5. Fortalecer a un grupo”. Algunas opciones te plantean escenarios muy locos, como comprar un helicóptero para huir del país. Las noticias económicas y del mundo exterior se suceden en forma de Flashnews, alterando tus planes o condicionando tus políticas en materia de economía o asuntos exteriores, por poner algunos ejemplos. Pero no estás solo. Como ya he dicho anteriormente tienes la posibilidad de pedir ayuda a EEUU o la URSS, y hacerlo de manera consecutiva si te parece bien. Aquí reina la política más pragmática y puedes cambiar de chaqueta como ocurría durante la propia Guerra Fría.
Las revoluciones estallan cuando rechazas la petición de un grupo social determinado en más de una ocasión. Frente a esta contingencia, tú decides si huir del país o quedarte a luchar. La segunda opción implica que debes apoyarte en algún grupo social en el que seas popular, de tal modo que la suma de tu propia popularidad con la fuerza del grupo seleccionado sea superior al de tus oponentes, quienes también pueden ser más de uno. Si ganas tendrás la posibilidad de castigar a los revolucionarios, pero los efectos de sonido del Spectrum dejan muy claro que los están fusilando. Otra de las posibilidades es que alguien decida atentar contra tu vida, sin que en esta ocasión cuente ni tu popularidad ni la fuerza del grupo conspirador. Contratar un buen número de guardaespaldas puede ayudarte más que cualquier vehículo de fuga. Lamentablemente, el juego tiene que terminar y será una revuelta la que te quite de en medio. Puedes ir contando los meses que aguantas en el poder y establecer récords personales, si bien no existe un marcador como tal ni tampoco un Hall of fame al final de la partida.
Puntuación
Sin imágenes y sin apenas sprites que ilustren lo que está pasando, las pantallas se basan en texto con efecto flash, colores chillones y toques de beeper alocado que ambientan los momentos más delicados. Se trata de un programa de estética BASIC que, no obstante, logra hacerte pensar en cada escena. Su arquitectura es impresionante y la correlación de tus decisiones con el desarrollo del juego es digno de aplauso. Desgraciadamente, los apartados técnicos salen muy perjudicados, algo que suple con una buena dosis de jugabilidad, adicción y originalidad. Dictator no estará nunca en un top 10 del sistema pero es un juego que se hace querer. En 2019 un fan del juego llamado Andy Green publicó una pantalla de presentación en la red social Facebook con una curiosa historia que te invito a conocer por ti mismo.

En Reino Unido supieron apreciar el mérito y valor de este juego tan especial. En octubre de 1983 Popular Computing Weekly alabó la complejidad del programa, debido a la multiplicidad de opciones, así como unos efectos gráficos y de sonido que “mantienen el interés alto”. Calificar un programa tan antiguo es siempre injusto, incluso ingrato, pero como buen “justiciero del software” tengo que cumplir con mi deber.
Firma: SabreFan.
Conviértete en un dictador de república bananera
Gráficos - 20%
Sonido - 20%
Jugabilidad - 80%
Adicción - 80%
50%
Dictator no estará nunca en un top 10 del sistema pero es un juego que se hace querer. Nunca convertirse en un dictador resultó tan divertido.






He pasado muchas horas con este juego en la época. Es uno de esos clásicos de la era inicial del Spectrum que es mucho más grande que la suma de sus partes, un poco como Maziacs, también comentado aquí en EMS.
Entiendo la puntuación arriba desde un punto de vista matemático, pero creo que es efectivamente algo injusta en perspectiva, co. Personalmente habría agregado:
«Punctuación Dictatorial-Estratégica: 200 %»
(Gracias, JMV 😉 )
Jaja. Tienes toda la razón del mundo. Antiguamente hacíamos esa valoración nostálgica cuando no podíamos puntuar alto un juego mítico. Quizá podríamos volver a hacerlo. Gracias por tu comentario.
He pasado muchas horas con este juego en la época. Es uno de esos clásicos de la era inicial del Spectrum que es mucho más grande que la suma de sus partes, un poco como Maziacs, también comentado aquí en EMS.
Entiendo la valoración arriba desde un punto de vista matemático, pero creo que es efectivamente algo injusta en perspectiva, como lo dice el proprio autor del comentario. Personalmente habría agregado:
«Puntuación Dictatorial-Estratégica: 200 %» 😉