
El dominio del malvado terrateniente Helfyre sobre el pueblo de Loxton llegó a su fin el día que sus habitantes, hartos de los desmanes que provocaba con sus sortilegios y maleficios, decidieron ir a su castillo, sacarlo de su cama y… Pero, como ya todos sabemos a estas alturas, el mal es tremendamente persistente y no pueden destruirlo tan fácilmente, así que un fiel sirviente de Helfyre cogió sus restos y los metió en una tumba secreta en donde continuaría practicando sus artes oscuras hasta adoptar la forma de un demonio de la muerte. El caso es que hoy hay una última oportunidad de acabar con los restos de Helfyre, pues se cumple el doscientos aniversario de su defenestración, pero como aquí dejamos todo para última hora (seguro que en Loxton tenían cosas más urgentes que atender que expulsar a un demonio maligno), resulta que ahora sólo tendremos diez minutos para recolectar estos restos y destruirlos. O al menos esto es lo que nos vienen a contar las instrucciones, porque luego, a medida que vamos jugando, la historia más bien parece otra que veremos a continuación.
Nada más comenzar la partida nos hallaremos en lo que parecen unas antiguas ruinas y en cuanto pasemos a cualquiera de las dos pantallas colindantes nos daremos cuenta de que nos encontramos ante un juego con un claro componente de plataformeo. El cometido de la aventura es ir recogiendo por estricto orden (pues hasta que no tengamos en nuestro poder el primero de ellos no aparecerá por el mapeado el segundo, y así consecutivamente): el Pergamino de los muertos, la Calavera del demonio, un frasco con agua bendita, el Cuerno del demonio, la Flauta del cuervo que nos habilitará para después hacernos con este alado animal y que cuando lo hagamos se nos notificará de que vayamos al altar del demonio para hacer entrega del mismo, pero no sin antes (y de esto no se nos informa) hacernos con el Pentagrama.

Todo esto me hace imaginarme una historia un poco distinta de la que se nos presenta en las instrucciones, pero para hacernos una idea de la mecánica del juego vale bien, pues lo que tendremos que hacer es ir dando vueltas por las veintiséis pantallas que presenta el mapeado del juego para recopilar todos estos objetos y finalmente ir ante el altar del demonio para completar la aventura.
En mi experiencia con el juego he de decir que mi primer enemigo fue el color clash, pues cuando empecé a dar vueltas por el mapeado no encontraba ningún objeto que recoger hasta que un día me di cuenta de que efectivamente había un pergamino totalmente mimetizado con el color del muro que tenía detrás… ¡en la primera pantalla! Hay que estar atentos a estos objetos. Algunos se verán fácilmente, pero otros como este pergamino o la flauta pueden pasar desapercibidos o confundirse con elementos ornamentales del juego.
El siguiente gran enemigo al que nos hemos de enfrentar es el tiempo, pues estos diez minutos que nos dan para completar nuestro cometido es francamente escaso y te hará tener que aprenderte al dedillo en dónde están todos y cada uno de los objetos a recoger así como exigirá que hagas uso de toda tu destreza en el salto de plataformas y en el arte de esquivar objetos móviles.
Tanto estas plataformas como los enemigos que se hallen en cada una de las distintas pantallas presentarán un patrón fijo que será conveniente memorizar, hasta el punto de saber bien cuál es el momento de ejecutar determinado salto o movimiento para avanzar sin que el siguiente bicho u objeto nos manden directos al cementerio tal y como verás que sucede cada vez que pierdas una vida. En este aspecto el juego es súper exigente, lo cual, sumado al poco tiempo que nos da para completarlo y que muchos movimientos en falso sean castigados con acabar en algún recoveco del que la única salida sea entregarse a la muerte, hace que la dificultad del mismo alcance niveles puramente spectrumeros. Yo lo he jugado con insistencia usando el cargador que aparece en la cinta Microhobby Nº2 y que da vidas infinitas y lo más a lo que llegué fue a coger el cuervo antes de que el tiempo se agote mandándome de nuevo al menú principal.

Sobre la experiencia de juego he de decir que es tremendamente agradable de jugar y que resulta muy adictivo, pues yo una vez que lograba pasar una pantalla (las hay muy sencillas de pasar, otras no tanto, y otras desesperantes) enseguida me picaba el gusanillo de superar la siguiente hasta que, claro, la guillotina del tiempo se precipitaba sobre mi pescuezo y vuelta a empezar.
Los gráficos son más que correctos, el movimiento va muy bien y los controles responden perfectamente, lo cual es de agradecer dado lo estricto que es el juego con la colisión de los objetos y lo exigente que es a la hora de que nuestro personaje quede asentado sobre las distintas plataformas. Con respecto al sonido lo más destacable sin duda es el uso de unas voces digitalizadas que nos darán la enhorabuena cuando nos hagamos con alguno de los objetos (Well done) o nos desearán un feliz descanso eterno cada vez que perdamos una vida (Rest in peace), deseo que sin duda oiremos más veces de las que nos gustaría. Por lo demás el juego carece de música alguna y durante el juego simplemente escucharemos los pasos de nuestro héroe al deambular por el escenario así como un grito digitalizado cuando sea alcanzado por la muerte.
En el número 182 de Microhobby valoran este juego dándole un aprobado raspado en originalidad, un nueve (bien merecido) en dificultad y un notable en todo lo demás, reseñando que: «Quien dijera que los arcades de plataformas eran programas en desuso y que habían dejado de ser atractivos no había visto aún este “Blade Warrior”, un juego que tanto a nivel gráfico como de movimiento, desarrollo y adicción es de lo más completo que hemos visto en un programa “budget” o de precio barato. En esta ocasión Code Masters ha dado en el clavo y nos presenta un programa muy atractivo en todos sus aspectos».

Mi consejo para poder completar la aventura es usar la técnica de las tres ‘Pes’, a saber: Pericia, Perseverancia y POKE 35111,201 que te dará inmunidad. Sin estas tres virtudes (en realidad puedes obviar las dos primeras) ya puedes ir metiéndole horas al juego si aspiras a terminarlo. Yo, como he comentado, lo he intentado varias veces usando el cargador de vidas infinitas de la Microhobby y siempre me acabé dando de bruces contra el marcador del tiempo, pues para completar la tarea en los diez minutos que se nos dan hay que ser un verdadero titán del salto al píxel, y al final me rendí y le enchufé el poke citado anteriormente para poder completar la aventura.
En resumen, un juego muy agradable de jugar, adictivo y que quizá en más ocasiones de lo que fuera deseable pondrá a prueba tanto nuestra paciencia como toda nuestra destreza en el salto al píxel y que bebe directamente de muchos de los primeros clásicos del sistema.
Firma: Pablo Villaverde.
No todos los "budget" eran malos.
Gráficos - 78%
Movimiento - 77%
Sonido - 71%
Jugabilidad - 70%
Adicción - 78%
75%
Un juego muy agradable de jugar, adictivo y que quizá en más ocasiones de lo que fuera deseable pondrá a prueba tanto nuestra paciencia como toda nuestra destreza en el salto al píxel.





