
En 1987 Hit-Pak publicó en un estuche un trío de juegos que alguien que mi memoria es incapaz de tener el detalle de recordar quién fue, tuvo el acierto de regalarme. De esos tres juegos había uno que para mí brilló con una luz muy especial y fue el Great Gurianos, una conversión de una máquina arcade que Taito sacó en el 86 llamada Gladiator a la que tuvieron que rebautizar como Great Gurianos debido a que Domark se les adelantó publicando en 1986 un juego de lucha a lo Barbarian al que pusieron el mismo nombre que dicha recreativa.
Por mi zona este Gladiator no se dejó ver mucho, por no decir que no se dejó ver nada, y yo la única vez que lo vi fue de rebote en el bar de unas piscinas en donde, tras ver un rato la partida de demostración y darme cuenta de que seguía la misma mecánica de ese juego de Spectrum al que ya le había dado tanta caña, me animé a echar una partida, la cual me llegó para darme cuenta de que no estaba ante mi arcade favorito.

A pesar de que la conversión de Spectrum es fiel al sistema de juego del arcade, la principal diferencia entre ambos reside en la estética, pues en donde el Gladiator nos presenta una estética oscura y tenebrista y su homólogo spectrumero propone una estética colorista y vivaracha. Echémosle pues una partidita.
Nos ponemos en la piel del gran guerrero Gurianos que, espada en ristre, tiene que ir bajándose (no encuentro por ninguna parte el motivo) a todo guerrero que se encuentre a su paso. Para protegernos de los embistes de nuestros enemigos y de los diversos objetos voladores que, como si fueran proyectiles, tratarán de impactar en nosotros, disponemos también de un escudo que podremos o bien mover hacia arriba o abajo o bien dejarlo en reposo cubriendo la zona central de nuestro héroe.
La diferencia de jugar a este juego con teclas o con joystick bien puede marcar la diferencia tanto a nivel de entretenimiento como de efectividad de la partida, pues seleccionar la opción del teclado puede volver una experiencia bastante divertida en una bastante farragosa, ya que tendremos que seleccionar un total de siete teclas con distintas funciones: dos para mover al personaje hacia adelante o hacia atrás, tres para usar la espada ya sea hacia arriba, abajo o hacia el medio, y dos más para subir o bajar el escudo, por lo que si seleccionamos el joystick nos veremos liberados de cuatro de estas teclas para poder usar la otra mano únicamente para las tres del uso de la espada.

Una vez hechos con el control de nuestro guerrero sólo nos queda avanzar por los pasillos de las tres fases de las que consta el juego mientras tratamos de cubrirnos de todos los objetos que puedan impactar contra nosotros o contra nuestra armadura, la cual nos protegerá en cada una de sus tres partes (pecho, abdomen y piernas) del primero de estos impactos, y despellejando a todo guerrero que salga a nuestro paso. Sencillo, ¿verdad? Pues no tanto, porque resulta que este juego es imposible de terminar.
Yo de chaval lo cogí con bastante entusiasmo y lograba avanzar cada vez más en el juego a medida que le iba echando partidas, y hay que señalar que la gesta se hace además un poco más asequible porque entre los objetos que andan por el aire hay regularmente unas bolas que si les damos un espadazo nos recomponen la armadura en caso de haber perdido alguna parte de ella.
La dificultad, hasta aquí, yo creo que está bastante bien calibrada y la exigencia del juego en realidad se basa más en los reflejos a la hora de manejar el escudo que en la pericia con la espada (yo me limitaba a darle a las teclas del control de la misma de forma rápida y aleatoria hasta acabar con mi contendiente), y de esta manera logré, día tras día, partida tras partida, llegar hasta un esqueleto. El esqueleto. Ahí llego, me pongo frente a él dispuesto a atacar, acometo mi primer combate y no logro hacerle ni un rasguño, con lo que él no tarda en hacerme morder el polvo. Otra partida. Vuelvo a llegar al esqueleto. Ni un rasguño. Al día siguiente otra partida, llego al esqueleto y no hay forma humana de alcanzarlo con la espada, y al día siguiente, y al siguiente, y nada… ni un roce.

Así que la vida pasa y un día, muchos, muchos años después, descubro que hay disponibles para PC unos maravillosos emuladores con los que puedo volver a disfrutar de aquellos juegos de mi infancia y trasteando un poco con ellos descubro que es, además, bastante sencillo pokearlos a conciencia. Y entonces me acordé de ÉL. «Ahora te vas a cagar», pensé entonces mientras le metía un poke de vidas infintas al Great Gurianos ya cargado en el ZX Spin, y a partir de ahí los enemigos previos a mi archienemigo de la infancia caían como moscas y yo entonces, silbando El Danubio azul de Strauss, tras muchos años mascando el resquemor, me vuelvo a enfrentar a ÉL, y todo vengativo a lo Íñigo Montoya le suelto: «Hola, me llamo Pablo Villaverde, tú me matabas cuando era un chaval, prepárate a morir», y empiezo a darle estopa con mi espada: ZAS, ZAS, ZAS, y nada, que el muy cabrito me quita una y otra vida, y yo ahí sigo que te dale mandándole furiosos espadazos y nada, que no le hago ni un solo arañazo.
A los diez minutos o así de golpear mi espada contra su escudo ya me pregunto qué diablos está pasando ahí, y ya es cuando me voy a Google para ver si desentraño el misterio que no es otro que, como el señor David Perry, que es quien firma el juego, parece ser que se quedó sin memoria para hacerle un final al mismo, decidió hacer a este último enemigo indestructible para evitar así tener que hacerle uno.
Yo la verdad es que como persona poco amiga del trabajo que soy no estoy en situación de censurar su idea, pero bueno, yo creo que como usuarios del Spectrum, la mayoría con un «CONGRATULATIONS GURIANOS» o algo así, bien nos hubiésemos conformado, que visto lo que había tampoco íbamos a pedir mucho más.
Lo bueno de haberme enterado de esto es que por una parte me habilita a nivel moral para incluir este Great Gurianos en la exigua lista de juegos del Spectrum que logré terminarme sin recurrir a pokes ni cargadores y por otra que queda muy bien dentro de la relación de anécdotas spectrumeras que hoy a muchos nos gustan tanto.
Echando un vistazo a la repercusión que este juego tuvo en las publicaciones de la época cabe destacar la de Microhobby que en su reseña a este juego en su número 146 se refiere a él como «un conglomerado de cualidades que pueden convertir a “Great Gurianos” en uno de los mayores éxitos de Élite».

En las revistas inglesas hay, usando las palabras del gran Javier Krahe, división como veréis: Sinclair User le otorgaba un 82% global, mientras que Crash le castigaba con un pobre 53%, y por su parte Your Sinclair en el artículo publicado con ocasión de la salida del juego incluida en el Hit-Pak en 1987 le daba un 8 global bajándolo hasta un paupérrimo 35% en el artículo que publican en 1991 cuando Encore reeditó el juego en solitario.
Mi impresión es que es un gran juego que yo además disfruté de forma independiente de la recreativa pues como ya comenté la conocí después que su versión spectrumera, con unos gráficos grandes y vistosos exentos de colour clash y un sonido que para un juego sacado únicamente en su versión para 48K es más que correcto, con una musiquilla que nos da la bienvenida al cargar el juego y con unas acertadas tonadillas cuando liquidamos a alguno de nuestros enemigos (o nos liquidan ellos a nosotros) y otra bastante simpática cuando logramos pasar de fase. Los movimientos son rápidos y la jugabilidad es muy agradable, pudiendo, a medida que vamos cogiendo práctica, ir avanzando hasta llegar a nuestro huesudo amigo para entregarnos así a un innegociable deceso, lo cual lo hace a mi parecer, a pesar del inevitable final, un juego bastante adictivo.
En definitiva, un juego que tal vez pasó un poco más de puntillas de lo que merecía por el panorama spectrumero de la época, tal vez por el hecho de haber salido dentro de un pack en el que a priori el título más reconocible en su momento pudo haber sido el Airwolf II (que no está mal, pero que yo creo que no envejeció tan bien como este Great Gurianos). Si además te gustan los juegos de David Perry y no lo conocías, aunque sólo sea por echarle un ojo, es de visita obligada.
Firma: Pablo Villaverde.
Conversión de Gladiator, la recreativa de Taito
Gráficos - 81%
Movimiento - 72%
Sonido - 75%
Jugabilidad - 70%
Adicción - 74%
74%
Un buen juego de David Perry con grandes gráficos que quizá pasó algo desapercibido en el catálogo del Spectrum en nuestro país.



