
Suponemos que muchos de vosotros recordáis el sello Future Star de Dinamic. La compañía recibía ya en 1985 y principios de 1986 un importante número de propuestas de juegos por parte de programadores aficionados, algunos de ellos con un nivel de acabado muy decente que acabaron siendo producidos con mejoras gráficas y jugables bajo el sello principal “Dinamic”. Muchos programas recibidos no tenían calidad suficiente, aunque sí para formar parte de algún sello budget. Así fue como surgió la idea del sello Future Stars: juegos a un precio “imbatible” de 999 pesetas. Bajo el reclamo de “Ayúdanos a crear algo grande”, Future Stars se presentó como un medio para ayudar a las nuevas promesas del software español, editando todos los juegos que superaran el nivel de calidad requerido por el llamado Comité de Selección (es decir, los hermanos Ruiz). En un principio se anunciaron dos juegos: Ali-Bebe y Krypton Raiders, a los que se añadió algo más tarde el mejor de los tres, Tommy.

Lo cierto es que uno de ellos apareció sin mención a la autoría: Krypton Raiders. Y su origen ha sido un misterio… hasta dentro de 37 segundos, cuando llegues a unas líneas más abajo. Porque resulta que, efectivamente, el autor no era un autor novel, ni había mandado un juego a las oficinas de Dinamic. Era un programa de 1985 realizado por uno de los trabajadores en nómina de la compañía. Su nombre, el nombre del autor del Krypton Raiders, es Florentino Pertejo.
Florentino es el primer trabajador en nómina que tuvo Dinamic, o para ser más rigurosos, Microdigital Soft, la sociedad que se constituyó para englobar la actividad de la compañía madrileña (entre otras cosas). Firmó su contrato en mayo de 1986, cuando la sociedad nació, pero ya trabajaba con Dinamic desde bastante antes. Tenía un puesto importante por aquel entonces en Elosúa como responsable de su departamento informático, ocupándose de la gestión informática de la empresa y de la programación de un potente IBM 4331. Se había interesado ya por la informática doméstica y consiguió en Andorra un par de ZX Spectrum que introdujo de tapadillo en España.
No tardó en profundizar en el funcionamiento del Z80, entendiendo cómo funcionaba su código máquina y qué tipo de rutinas utilizaban los juegos para poder funcionar de la forma que lo hacían. A través de un amigo, supo que había en Madrid un grupo de jóvenes talentos que estaban empezando a vender sus juegos por correo, bajo el misterioso nombre de Dinamic. Florentino les llamó, contactó con un tal Víctor Ruiz, y quedó con él por primera vez en un bar de Argüelles, aprovechando un viaje familiar en julio de 1984. Aquel joven programador le llevó alguno juegos, confesando que no tenían conocimientos de código máquina, y en ese momento fue cuando Florentino quedó seducido por la idea de poder hacer un compilador que permitiera integrar todo tipo de rutinas en código máquina, e incluso traducirlas a diferentes ordenadores para poder hacer conversiones de forma sencilla. Así que preparó toda una colección de utilidades integradas en ese compilador, posteriormente bautizado como R1, y solventó el problema de la programación en Dinamic sin necesidad de que aprendieran en profundidad los misterios del Código Máquina. Se convirtió en el auténtico tecnólogo de la compañía.

Una de las cosas que hizo Florentino fue probar el funcionamiento de su compilador con un juego de muestra, una especie de prueba, que montó a principios de 1985. Para aquel programita, un tradicional plataformas, examinó el código de varios juegos comerciales “congelando” la memoria del Spectrum mientras ejecutaba títulos como Lunar Jetman, y capturó unos cuantos gráficos que introdujo en su código. Aquel juego de prueba sirvió, más adelante, como base de programas posteriores tan conocidos y fundamentales como el maravilloso Abu Simbel Profanation.
Tiempo después, con motivo del traslado de la compañía a la Torre de Madrid en febrero de 1986, surgió la idea del sello Future Star. Víctor le comentó a Florentino que era una pena que un programa como aquel plataformas espacial quedara como un trabajo anónimo, cuando había sido tan relevante en la historia interna de Dinamic. De esta forma, acabó adquiriendo el nombre de Krypton Raiders, y supuso para su autor el primer trabajo con el que cobró royalties de autor, al margen de su propia nómina. Quizá fue lógico que no apareciera acreditado, ya que el autor no era ningún principiante y además era empleado de la compañía. Pero en cierta forma sí que lo fue: el primer juego de un joven programador que se lanzó al campo de los videojuegos dejando su trabajo en Elosúa, con el sueño de montar la base tecnológica de una compañía española de videojuegos.








Buenísima historia. Parece mentira que tantos años después aún queden historias tan interesantes por descubrir de esa época. Gracias