
Quizá la historia de esta «institución» no aparentará ser demasiado interesante si uno se limita a pasar por la puerta de la casa rural donde tenía su sede. Una escuela para personal femenino de edades variopintas, situado en una generosa extensión de terreno en un pueblo de pescadores, Burtonport, en el centro de la región de The Rosses, condado de Donegal, en la costa oeste de Irlanda. Un paraje excepcional con vistas privilegiadas y un ambiente tranquilo para el desempeño de la enseñanza. Más chocante resultaba que todo ello estaba revestido de una ambientación victoriana que se extendía a los rigores del día a día y a la vestimenta de las alumnas y profesoras, como parte de las condiciones de la estancia.
Ofrecían formación en Matemáticas, Latín Elemental, Gramática y Literatura, combinado con la vida sana y estimulante del campo, sin las distracciones de la agitada vida urbana. Un gramófono de libre acceso era prácticamente lo más evolucionado a lo que se podía acceder, si uno buscaba algo de entretenimiento. Por no existir, no había casi enchufes ni luz eléctrica. Se trataba, sobre el papel, de un lugar de retiro voluntario, limitado a mujeres, en el cual, a cambio de una cuota, se facilitaba el aislamiento de la vida moderna mediante un viaje a otro tiempo y costumbres. Pero la casa ocultaba mucho más de lo que aparentemente se veía.

Por supuesto, esta propuesta vacacional para chicas que eran reconvertidas a colegialas victorianas tenía mucho de fetichismo. Algo chocante para los lugareños, pero no tanto para Clem Chambers, que recuerda de su colaboración con CRL sus curiosas vestimentas y que era una época en la que podías ir a Colditz de vacaciones y jugar a escaparte de ella, por lo que una residencia victoriana donde se hacían aventuras de texto no le resultaba tan extraña. Sin embargo, sí que existía una apasionante realidad detrás: la del grupo que se hacía llamar Aristasia. Su origen se sitúa en el colegio Lady Margaret Hall en la Universidad de Oxford, en la segunda mitad de los 60, fundado por una estudiante que se hacía llamar Hester St. Clare (aunque un tiempo antes ya existía un grupo proto-Aristásico llamado The Romantics and The Olympians).
De ella se sabe solo que nació en los años 20, y que comenzó a rodearse de un grupo femenino de estudiantes más jóvenes que ella (la mayoría de Oxford) decepcionadas por el «rumbo decadente» de la sociedad británica de la época. Idearon una forma de vida con tintes sectarios en los que adoraban a una Diosa del Sol, se referían al colapso cultural contemporáneo como El Eclipse y se retrotraían a las estéticas, vestimentas y costumbres de los años 20 al 50 (y anteriores incluso, como las del periodo Victoriano de finales del XIX). Vivían conforme a estos preceptos: usaban vestimentas, objetos y vehículos antiguos y renegaban de todo atisbo de modernidad. En una visión radicalmente matriarcal del mundo, imaginaban una realidad alternativa liberada de hombres, y aceptando en sus filas féminas de todo tipo de filiación sexual, incluidas mujeres transgénero. Con el tiempo les dio por teorizar en torno a las ideas del grupo hasta el punto de crear su propia «universidad» dedicada a los estudios aristasianos, llamada Milchford. Establecieron estrictas reglas, cuya violación se traducía en la aplicación de castigos físicos como medio para la purificación espiritual (a diferencia, según ellas, del sadomasoquismo, donde el castigo era interpretado como un regalo o premio).

La cara más visible de Aristasia era Marianne Martindale (o Marianne Scarlett, como se hacía llamar en los 80, o Catherine Tyrell, su identidad anterior, o cualquiera de sus posteriores reencarnaciones: Miss Partridge, Miss Traill o Mari de Colwyn) atrajo más de una polémica mediática, como acusaciones por maltrato fusta en mano y otras lindezas. Algo que no ayudó al «lado idealista» de Aristasia, ya que la opinión pública acabó asociando el nombre a algo más turbio: un club-secta de mujeres en su mayoría lesbianas, aficionadas al sadomaso en uniforme victoriano, simpatizantes de grupos ultraderechistas y con dejes racistas y antisemitas. Sin embargo, en sus comienzos parecía más bien, para el que lo observara desde fuera, una chaladura universitaria o un grupo de frikis de los ropajes vintage. A Marianne aquello no le parecía suficiente y propuso convertir el movimiento en algo más tangible, llevando su idealismo a la práctica mediante un grupo de convivencia que tuviese una sede física permanente. Embarcó a cinco o seis acólitas en un viaje a la costa irlandesa y en 1984 se establecieron en una casa rural llamada Kincasslagh House, propiedad de una maestra inglesa, que había servido de refugio a miembros del IRA y que acababa de quedarse libre tras ser expulsado por las protestas vecinales un escandaloso grupo hippie antisistema llamado Atlantis Therapy Group.

En sus inicios, las aristasianas se constituyeron como una comuna femenina con aspiraciones de ser autosuficiente, tal y como establecían sus preceptos teóricos en cuanto a formas de vida recomendadas para las fieles. Autonomía, no dependencia del mundo real, como paso previo a la instauración de la Aristasia Pura al margen de la decadente sociedad. El fracaso de tal locurón era de esperar, y la falta de dinero les obligó a un sesudo brainstorming en busca de alternativas. Así surgió la idea de reconvertir la casa en un negociete, una especie de internado femenino a modo de parque temático, que sin duda iba a resultar más atractivo para sus propias integrantes que un caserón-tribu, y que recibiría eventuales visitantes que pagarían por establecerse allí temporalmente. Y no fueron pocas las que se animaron a catar tan peculiar experiencia: la ficción de ser alumnas de un estricto internado británico de principios de siglo, con directora fusta en mano dispuesta a meter en cintura a cualquier revoltosilla. Por supuesto, estas visitantes lo que hacían era engrosar el club y participar económica y «lúdicamente» de la filosofía aristásica. Y parece ser que los vecinos granjeros también se interesaron en participar.

Según las propias palabras de Marianne, una de las chicas que llegó al caserón en búsqueda de experiencias estimulantes, Priscilla Langridge, trajo consigo un Commodore 64. Nada menos apropiado para las rigurosas normas de comportamiento que eran de obligado y escrupuloso cumplimiento como parte de la performance. Sin embargo, la posibilidad de sacar un rédito económico programando le resultó una idea atrayente y divertida, lo suficiente para olvidarse del odio cerval a todo aquello que oliese a tecnología moderna. Las instalaciones apenas disponían de electricidad, y parecía el lugar menos idóneo del mundo para una actividad de última generación. Priscilla era aficionada a la escritura antes de llegar a la escuela y el descubrimiento de The Quill le abrió las puertas a la creación de aventuras. No obstante, la figura de Miss Langridge es enigmática.
El asunto de los nombres es controvertido porque en el club se asignaban los mismos y había un interés en ocultar las verdaderas identidades de las integrantes de la escuela, en especial aquellas involucradas en su dirección. Según refiere algún testimonio rescatado por Owen Williams, colaborador de la revista GamesTM, es posible que no existiese ninguna Priscilla Langridge como tal, sino que fuese un nombre recurrente para nombrar a una o varias colaboradoras o co-organizadoras del Club a lo largo de los años, permaneciendo solo Marianne Scarlett como figura visible e identificable dentro del movimiento de Aristasia. No existe documentación gráfica de Priscilla (al menos en ninguna que se reconozcan sus facciones), y acudían habitualmente a reuniones con vestimentas que ocultaban el rostro. Tim Gilberts nos rescata sus recuerdos: «Una de las dos nunca se quitaba un fino velo negro. Se las veía muy entusiastas con los juegos, aunque su atuendo victoriano era, quizá, demasiado excéntrico». Sí existe algún testimonio (incluso de un periodista del Sunday Telegraph, que se infiltró en su organización en los años 90) que asegura que Priscilla era real, posiblemente transexual, y la pareja sometida de Marianne.
La venta de aventuras fue, en todo caso, un medio de financiación bienvenido, y sus creaciones, inseparables de la escuela, encontraron atención de los medios para satisfacción del ego de su líder. No era la única actividad económica de Aristasia: Marianne fundó una editorial, The Wildfire Club (denominación de la escuela antes de St. Bride´s), que publicaba historias por entregas de contenido lésbico y libros como The Female Disciplinary Manual, The District Governess o The Feminine Universe, que condensaba la filosofía del movimiento y su poder de regenerar la sociedad.

CRL, tan aficionada a los escándalos, vio también la ocasión de usar la polémica en torno a sus integrantes para vender más juegos, y llegó a un acuerdo de edición con ellas. En su primera aventura, The Secret of St. Bride´s (1985), Priscilla Langridge (autora acreditada) explotó el misterio en torno a su propio Club. The Daily Telegraph se preguntaba en un titular «¿Una escuela para el escándalo?». Otros medios las definían como estrambóticas o incluso siniestras. La publicidad del juego invitaba a descubrir, a través de su heroína Trixie Trinian (una de las escasas protagonistas femeninas de juegos en los 80), todos estos secretos penetrando en sus muros prohibidos, en las habitaciones o aulas, sin ser descubiertos.
No tenían ningún recato en ilustrar la publicidad del juego con una colegiala al borde de un riachuelo dejando entrever su lencería interior y armada de potentes taconazos. Se trataba en todo caso de un juego que pretendía autopromocionar algunos aspectos de la escuela incidiendo en sus rutinas, las materias impartidas, el concepto de «vacaciones escolares» (la protagonista no dejaba de ser una «usuaria» voluntaria que acudía a St. Bride´s para experimentar su propuesta) y añadiendo alguna dosis de misterio de manos de las game Mistresses. Sus puzzles son muy sencillos y la ausencia de la mecánica de examinar objetos (no dispone de este comando) le aligera mucho del componente de exploración. Su mayor virtud es la de tener una base real: el lugar existía y conectaba al jugador con aquella extraña casa de locos a través de una ficción. Pero aparte de todo esto, mostró las agradables maneras de escribir de Priscilla, que fue acogida con cariño por la crítica. Trixie, con sus constantes y divertidas interpelaciones al jugador, reapareció en The Very Big Cave Adventure, un remedo de la Aventura Colosal que parecía ejercicio obligatorio en toda empresa que se preciara de hacer juegos conversacionales.

Bugsy era la historia de un conejo gangster en el ambiente más peligroso de Chicago empeñado en derrocar al mismísimo Al Capone, una transición poco afortunada hacia proyectos más complejos y ambiciosos. Jack The Ripper fue quizá su mejor y más controvertido trabajo, como ya hemos tratado extensamente: terror victoriano que naufraga en su tramo final entre magia masona y contenidos que poco que ver tenían con una historia de cruentos asesinatos. Sin embargo, la polémica en torno a una figura que se ensañaba con prostitutas le fue promocionalmente como anillo al dedo al pequeño grupo de aficionadas al sadomasoquismo.
A estos lanzamientos hay que añadir un encargo del sello Mosaic (que ya trabajó con Level 9) llamado The Snow Queen (1985) y que adaptaba el cuento de Hans Christian Andersen. Los títulos de St. Bride´s fueron recopilados más adelante (en 1992) por editores aficionados como Gordon Inglis Games o Zenobi Software, rescatando de paso material inédito de Langridge. Títulos como Silverwolf, Dogboy, The White Feather Cloak o Wondergirl, obra con temática super-heroica (con un homenaje claro a su admirada Wonder Woman, licencia que no pudo utilizar), nunca hubiesen visto la luz de no mediar estas ediciones.

Marianne Martindale fue juzgada y condenada en 1992 por los daños ocasionados a una alumna durante una de sus «sesiones educativas» en medio del interés de la prensa, que también se preguntaba por su correspondencia con el líder del British National Party, un partido de ultraderecha cuyo máximo dirigente bebía los vientos por la castigadora madame. Esta, ante tales vinculaciones, aclaró «no tengo interés en el fascismo», para añadir después, con su dosis de polémica habitual, «tampoco tengo interés en la democracia o en cualquier movimiento político masculino» (Against the Modern World-Mark Sedwick). En 1993 las integrantes de la comunidad de St. Bride´s salieron por piernas de la residencia por impago del alquiler, dejando atrás auténticas perlas. Cuadernos de ejercicios con «Debo atender a mi señorita en todo momento» repetido 30 veces por algún alumno desobediente, material neo-nazi, pornografía sadomasoquista, fotos de mujeres con máscaras de gas y lencería, panfletos antisemitas, y cartas de vecinos del pueblo pidiendo información sobre servicios de dominación y bondage.
Marianne, Priscilla y compañía no tardaron en establecerse primero en un piso en Oxford fundando la Romantic Society y ofreciendo servicios de «reeducación fusta en mano» por unas económicas 75 libras, y luego en Londres bajo delirantes pseudónimos, atrayendo puntualmente alguna entrevista televisiva que no ahorraba en demostraciones de las habilidades punitivas de Marianne. Aristasia mutó más tarde al nombre de The Daughters of Shinning Harmony, y Marianne Martindale cambió (otra vez) de nombre para denominarse Mary Guillermin. Se estableció en Topanga, California, como consejera espiritual. Actualmente podéis encontrar la nueva encarnación de Aristasia en The Chapel of Our Mother God: si os apuntáis en sus filas quizá podáis compartir un té a las cinco con Miss Alice Lucy Trent. No dejéis de contarnos vuestra experiencia.

Extra final: te contamos la filosofía de Aristasia
La realidad alternativa de Aristasia se organiza en torno a pobladores exclusivamente femeninos, pero distinguiéndose entre las morenas, dominadoras, y las rubias, sumisas. La tierra de Aristasia Pura, el reino idealizado, se dividía en continentes dedicados a aspectos reseñables o «salvables» de las diferentes décadas pasadas. Así, Quirinelle se dedicaba a los años 50, mientras que, por ejemplo, Vintesse se dedicaba a las aportaciones del jazz. Junto a ellos estaba Arcadia, Novaria, Amazonia y Trent, cada una de ellas dedicada a diferentes aspectos reseñables de décadas diversas, tomando como punto de inflexión los demoníacos 60, el momento del Eclipse que marca la deriva de la sociedad moderna. Por supuesto, el movimiento hippie o los Beatles formaban parte del naufragio que les empujaba fuera de la realidad. Aristasia-In-Telluria (es decir, Aristasia en la Tierra) era la versión terrena del mundo ideal o, en otras palabras, la forma en la que los habitantes de Telluria eran capaces de cristalizar aquel mundo de fantasía al que aspiraban. Existían cuatro círculos que marcaban el grado de implicación de los aristasianos con la filosofía del movimiento.
Mientras el Círculo Exterior apenas obligaba a vestir conforme a los años más venerados por los acólitos, el Segundo Círculo ya sugiere la creación de comunas autosuficientes como paso previo al Círculo Interior, las privilegiadas que pueden prescindir de toda conexión con el mundo real para vivir la versión más pura de la fantasía de Aristasia. En libros como The Feminine Universe de Alice Lucy Trent, dedicado a un público generalista, consigue un cierto impacto entre la prensa de la época. The Pink Paper, el principal periódico de temática gay y lésbica en UK, define Aristasia como «un enclave lésbico». Las aristasianas llegaron a utilizar incluso un lenguaje propio con arcaísmos aplicados conscientemente a términos modernos, con el fin de enfatizar la distancia que les separaba con el mundo moderno. Así, «computadora» pasa a ser «ordinator» e Internet es «elektraspace». «Videojuego» se transforma en «lightgame».





