
Firma: Jorge Peralta Artacho
Hace un tiempo, por una serie de comentarios a un artículo sobre clubs de software pirata, se empezó a gestar la idea de realizar una entrevista. Esa entrevista, por desgracia, no podrá realizarse nunca. Estas líneas quieren servir de homenaje a la persona que se iba a entrevistar y a todos aquellos que participaron de nuestros sueños en nuestra infancia y, sin embargo, quedaron relegados a un segundo plano.
Una historia personal
Con la tierna edad de 9 años, me vistieron con un jersey azul marino y unos pantalones grises y me mandaron a hacer la Primera Comunión en mi colegio de Zaragoza. Fue, creo recordar, en mayo de 1986; mes en el que también cumplía los años. Todo el mundo sabe que después de la comunión vienen los regalos. Ni queriendo recuerdo cuáles fueron; ha pasado tanto tiempo que se me mezclan los recuerdos. Quizá una cámara Kodak compacta con un botón naranja enorme para hacer la foto, quizá un reloj digital azul que se transformaba en robot, quizá algún Playmóbil… A algunos de mis amigos, aprovecharon para comprarles su primer ordenador.
Yo había jugado al Cookie y al Pssst con un gomas en casa de mis primos, en Granada. También al Sabre Wulf y al Skool Daze en otro gomas, en casa de unos amigos de mis padres en Madrid. Pero el Spectrum no me había hechizado aún. Como videojuegos, tenía mi Game&Watch Green House que intercambiaba con compañeros de clase y un clon de Pacman en versión LCD tabletop rojo con espejo que mis padres debieron comprar en el Alcampo de la carretera de Logroño (ese, el primer gran centro comercial de Zaragoza, que nadie de mi generación podrá olvidar). El caso es que no recuerdo haber pedido que me comprasen un Spectrum. No sabía exactamente ni qué era un Spectrum, no lo distinguía de un Commodore o un MSX. Sí recuerdo que aquellos amigos de Madrid y otras personas les aconsejaron a mis padres meter un ordenador en casa porque era EL FUTURO (Como el Minidisc o los NFTs de monos, pero de verdad) y, cuanto antes aprendiesen los niños, mejor para ellos. Y los niños, claro, no se iban a oponer.

Casi seguro que sería un día por la mañana de mayo de 1987, mi madre me llevó a una tienda de segunda mano que había en el Pasaje Miraflores. Digo Mayo porque cumplo años ese mes. En el escaparate de esa tienda lucía, impoluto, un Spectrum +2 gris en su caja. Entramos y mi madre lo compró. 22.000 pesetas costó. La mitad de lo que costaba nuevo. Viendo la rebaja sólo por ser segunda mano, está claro que los tiempos han cambiado mucho. Según el vendedor, el comprador lo había abierto y, tal y como lo había abierto, lo había vuelto a cerrar. «Hasta tiene la factura y la garantía sellada y sin rellenar.», remarcó.

Como mi padre era comercial y llevaba también la provincia de Huesca, pasaba mucho tiempo fuera de casa; a veces, semanas enteras. En ocasiones, cuando mi padre estaba fuera, mi madre nos cogía a mi hermano y a mí y nos íbamos los tres a dormir a casa de mi abuela. Y ese mismo día, o el siguiente a la compra, fue exactamente lo que hicimos. Allí nos plantamos a eso de las seis de la tarde. Recuerdo poner la caja del +2 sobre un gran mueble de los años 50-60 de madera oscura y tallas de caras en las puertas… abrir la caja y sacar con cuidado los corchos… quitar el corcho de arriba y ahí estaba, deslumbrante, como el interior de la maleta de Pulp Fiction.
¿Quién quiere un manual? Esto se conecta aquí, de aquí va a la corriente y esto que cabe aquí, a la televisión. Se enciende la luz. Hay que sintonizar la televisión. ¡Mira!, ya aparece una imagen. ¿Y ahora qué?. Ufff, qué pereza, leer un manual. Pulsa aquí. Ahora pulsa Break. Otra vez. Ya has salido. Mira, con esto se sube y se baja. Dale a eso. Si le doy a una tecla sale una palabra rara… Esto no hay quien lo entienda… Pues le doy al play y no sale el juego…
Estábamos intentando cargar un juego sin el juego. El caso es que, entre el caos generado por un puñado de monos intentando entender el acelerador de partículas del CERN sin ninguna ayuda, alguien cogió una tarjeta que había caído de entre los papeles. Sobre un fondo verde se podía leer “Basic Micro-Futura. Pº Sagasta, 47 (Entrada por el Camino de Las Torres)”. Eso estaba a, literalmente, 50 metros de allí.
– ¿Qué hora es?
– Las seis y media.
– No habrán cerrado todavía.

Bajamos al portal, doblamos la esquina, esperamos a que el semáforo se pusiese en verde, cruzamos el paso de cebra, andamos 10 metros y ahí estaba: Basic Micro-Futura. Una pequeña puerta con uno o dos escalones junto a un pequeño escaparate y, sobre él, el nombre del local. Cruzamos la puerta y encontramos, tras un mostrador, a un hombre y una mujer de unos 25-30 años. Él, Esteban, muy alto y delgado, con unas gafas de gruesos cristales. Ella, más baja, con media melena rizada y también con gafas. A su derecha y a la izquierda de la entrada, multitud de cajas de ordenadores y periféricos. A su izquierda, una escalera que daba a un piso superior. Detrás suyo, una pequeña trastienda.
El caso es que nos plantamos allí a preguntar no recuerdo muy bien qué que no pusiese ya en el manual del Spectrum. Sí recuerdo que mi madre llevó la factura, la tarjeta y la cuartilla de la garantía con la parte del vendedor y del comprador, y se lo enseñó todo a la mujer de Esteban. Ésta lo cogió y preguntó: “¿Y lo habéis comprado aquí y no os hemos hecho la garantía?”. Nos encogimos de hombros. Dicen que el que calla, otorga. En realidad, no habíamos sido nosotros los que lo habíamos comprado allí, pero quien lo hizo, no rellenó la garantía. Esteban le tomó los datos a mi madre y, tras ello, la mujer se dispuso a explicarnos cómo se cargaba un juego en el Spectrum. Sobre el reverso de la tarjeta escribió: Load “”. “La tecla J y luego Simbol Shift + P. Metes el cassette, pulsas play y… ah, ¿pero no tenéis ningún juego? ¿No os regalamos ningún juego cuando comprasteis el ordenador?”. El que calla, otorga. “Subid y coged el que queráis de ahí”. Subimos las escaleras y encontramos un centenar de carátulas a cada cual más llamativa. No nos decidíamos. No sé el tiempo que pasamos ahí arriba. Al final, uno tenía en la mano el Spirits de Topo Soft y el otro tenía el Black Magic de U.S. Gold. Estaba claro que nos iba el tema medieval y la brujería. Finalmente, nos regalaron el Spirits y compramos el otro. También aprovecharon para apuntarnos al Club del usuario. Volvimos a casa y estuvimos jugando hasta la hora de la cena.

Es curioso lo que pueden engañarte los recuerdos. Siempre he pensado que a mí, como a tantos, me compraron mi primer ordenador al hacer la Primera Comunión. Pero la fecha de lanzamiento de Spirits ha corregido mi recuerdo y me ha devuelto otros.
Al estar tan cerca de la casa de mi abuela pasaba por allí siempre que podía. El autobús número 24 me llevaba desde la puerta de mi casa hasta justo delante de Basic Micro-Futura. Era imposible ignorarlo. El Club del usuario consistía en que pagabas una cuota de entrada (en nuestro caso, como “compramos” allí el ordenador, no la pagábamos) y luego, podías llevarte copias dudosamente legales a casa por –creo recordar- unas 200-300 pesetas. Podías echar un vistazo a un listado que tenían o subir las escaleras y mirar, directamente, los títulos en los lomos de las cajas. Yo tuve algunos juegos durante todas las vacaciones de verano. No funcionaba como un videoclub. Te llevabas un juego, te lo apuntaban y, cuando lo devolvías, pagabas otras 250 pesetas para llevarte el otro.
De hecho, recuerdo un verano con el Citroën BX rojo hasta los topes para irnos al pueblo –pero, a su vez, pareciendo que estábamos preparados para el apocalipsis-, en el que hicimos que mi padre se desviase para esperarnos en doble fila mientras decidíamos qué nos llevábamos para todo el verano. Imaginad el recargo que supondría casi un mes de alquiler en un videoclub. E Imaginad cuántas veces tuvo que pitar mi padre antes de que saliésemos de Micro-Futura. Al contrario que mi padre, Esteban y su mujer siempre demostraron una paciencia infinita.
Pero la joya de estas cintas es esa especie de intento de descargo de responsabilidad que aparecía en el reverso de la caja: “MATERIAL DE PRUEBAS. NO ESTÁ A LA VENTA. Su original puede adquirirse en este establecimiento”. Todo impreso en negro sobre el verde característico de la tienda con un rectángulo en la portada y otro en el lomo para escribir, a máquina, el título y el “número de serie” del juego. Dentro, una cinta negra con una pequeña pegatina en cada lado con el título escrito también a máquina. Aún conservo la última cinta del club. Vampire. El nombre que recibió Phantomas cuando fue lanzado por Code Masters. Las cintas se grababan en equipos con doble pletina. Probé, hace no mucho esa cinta y acabó dando error, por lo que sospecho que ni el equipo que grababa ni las cintas eran muy buenas.

En Micro-Futura también compré, además de una buena cantidad de juegos, el Multiface 128 de Romantic Robot que elevó mi colección de cintas TDK con “backups” a la enésima potencia. Micro-Futura solían anunciarse en Microhobby como distribuidores de Transtape en Zaragoza. Por curiosidad, podéis encontrarlos en los números 125 y 130. Me pregunto por qué no hacían las copias para el club con el propio Transtape.

No recuerdo si fue antes o después de enero de 1992 (cuando se enterró comercialmente al Spectrum en España), llevé la cinta del Club a Micro-Futura y Esteban me dijo que podía quedármela si no iba a llevarme otra. Creo que esa fue la última vez que hablé con ellos. Tendría, entonces, 15 o 16 años. El caso es que, como muchos, cerré esa etapa cuando Microhobby lo hizo. Aunque siguiese disfrutando de mi +2, no volví a comprar ningún juego. Ni se me pasó por la cabeza relacionar Micro-futura con otra cosa que no fuese el Spectrum. Durante años paré en su puerta con el autobús o, simplemente, pasé andando camino al instituto o a la casa de mi abuela. Y siempre miraba hacia dentro. Y un día, sin tener que mirar hacia dentro, pasando por casualidad por allí -porque mi abuela había fallecido hacía años- vi que el local estaba cerrado. Seguía debiéndoles las 875pts de aquel Spirits.
Los otros protagonistas
En el artículo Aquellos míticos clubs piratas de El Mundo del Spectrum, el usuario Redneckman hizo referencia al Club del usuario de Micro-Futura y comenzó a remover todos estos recuerdos.
Empecé a pensar en la posibilidad de buscar a Esteban y a su mujer para que Alejandro les hiciese una entrevista y llevar ese artículo al podcast. ¿Cómo era la relación con las distribuidoras y las compañías en la época de 8 bits? ¿Cómo se les ocurrió lo del club? ¿Tuvieron algún problema con ello? Podía ser una entrevista interesante y estaría bien darle la voz a aquellos que quedan siempre detrás de los grandes nombres, de los programadores, los grafistas, músicos, distribuidores, incluso los redactores de revistas… El último eslabón entre quien creaba el juego y se lo vendía al usuario. Los otros protagonistas que siempre han sido olvidados.
Se lo planteé a Alejandro y me comentó que llevaban tiempo queriendo hablar sobre las pequeñas tiendas. Así que encajaba y tenía que empezar a buscar. Obviamente, lo primero que hice fue introducir “Basic Micro-futura” (y todas las variantes que se me ocurrieron) en Google. Salieron muy pocos resultados; entre ellos, los anuncios en Microhobby, alguna mención en algún foro de Master System y referencias empresariales vagas. Probé también a buscar en Google Maps y buscar en las fechas anteriores con idea de comprobar si en la rotulación aparecía algún teléfono. Pero la fecha más antigua que mostraba era de 2008 y ya habían cerrado para entonces.

Durante un tiempo, sin obtener resultados, me di por vencido. Pero no sé por qué, hace cosa de un año, volvió a metérseme en la cabeza la idea de encontrarlos. Esta vez, tras repetir la búsqueda en Google y de una forma casi desesperada, escribí una petición en varias páginas y grupos de Facebook que tenían como nexo noticias de Zaragoza. Algo como: “Estoy buscando contactar con la pareja que tenía la tienda Basic Micro-Futura en el Camino de las Torres casi en la esquina del Paseo Sagasta. Si alguien los conoce y me hace el favor de ponerme en contacto, se lo agradecería. La idea es hacerles una pequeña entrevista. Mil gracias”.
Y me contactaron. Me contactó Julian, que había trabajado en Micro-Futura unos tres meses. Él no tenía el contacto pero podía darme el correo electrónico de Nacho, que había trabajado mucho más tiempo allí y seguía teniendo una estrecha relación con Esteban. Mandé un correo electrónico y, a los pocos días, recibí una llamada. Era Nacho. Micro-Futura había cerrado hace tiempo. Durante años, estuvo él solo en la tienda porque tuvieron un par de sustos en forma de atracos y decidieron que su mujer no siguiese allí. Finalmente, cerró y cambió la tienda por el taxi. Nacho le daría mi contacto a Esteban para que me llamase. Mi corazón dio un vuelco y volví a tener 15 años de nuevo. Por desgracia, los meses fueron pasando y no hubo tal contacto.
“No puedes imaginarte la cantidad de veces que hemos estado buscando a una persona y hemos descubierto que había fallecido, que padecía una demencia, que no quería saber nada de la época o algo similar”. Me comentó Alejandro en su día.
Al tiempo, entendiendo que cada persona tiene sus motivos para hacer o no las cosas y que no íbamos a poder hablar con Esteban finalmente, le envié una nota de audio a Nacho para agradecerle todas las gestiones. Y recibí la llamada que preferiría no haber recibido. Nacho tampoco había podido contactar con él durante un tiempo. No quiero entrar en detalles. Esteban estaba en coma sin posibilidad de salir de él. Poco después, falleció. Mi corazón volvió a dar un vuelco.
A veces no nos damos cuenta de que la vida avanza queramos o no. En El Mundo del Spectrum, cada vez con mayor frecuencia, vemos cómo se nos anuncia que programadores, grafistas, músicos, editores… van desapareciendo poco a poco. El tiempo pasa, nos hacemos mayores… y en ocasiones, directamente, la vida nos pasa por encima como una apisonadora. Esteban se merecía disfrutar de su jubilación, de su nieto, de la curación del cáncer de su mujer. Pero no fue así. Por lo que sea.

Quiero que mi historia personal, la primera parte de este artículo, sea un homenaje hacia él. Seguramente, quien esté leyendo esto conocerá a otro Esteban que le recomendaba que se llevase éste en lugar de este otro juego. O le decía que comprase este joystick Sinclair mejor que el otro porque así no tenía que comprar también un adaptador Kempston. O que tenía una paciencia infinita cuando no te decidías entre dos títulos. Y estoy seguro que, como Esteban, no aparece mencionado en ninguna parte en la base de datos de Spectrumcomputing.co.uk. Pero también estoy seguro de que siempre aparecerá en nuestra particular base de datos de la memoria. Y también estoy seguro que era de justicia escribirle este artículo como homenaje representando, quizá, a todos aquellos que alimentaron nuestros sueños de pequeños y quedaron, con el tiempo, en un completo anonimato.
Descansa en paz, Esteban. Te daré las 875pts que te debo cuando te vuelva a ver.
Firma: Jorge Peralta Artacho
Nota de El Mundo del Spectrum: cualquier información aportada en relación a BASIC MICRO-FUTURA de Zaragoza será bienvenida. Si tienes fotos del local, de la calle, de Esteban y su mujer, etc. será más que bienvenida. Si conoces algún dato o detalle de interés, por pequeño que sea, también agradeceremos mucho que lo aportes. Escríbenos a elmundodelspectrum@gmail.com
Nacho Martín, quien en principio nos facilitó información quiso escribir también un pequeño texto:
Una nota de homenaje final
Corrían aquellos locos años ochenta de los que tanto habla la gente por La Movida. Sin embargo, la mía era otra.
Apenas empezaba mi primer curso de bachillerato cuando ya hacía tiempo que devoraba la revista Microhobby y, como había empezado una nueva etapa de estudios y parecía que no era tan mal estudiante, me propuse pedir a mis padres un ordenador. No necesitaba gran cosa, solo lo último de lo último: EL SPECTRUM. Mi padre enseguida relacionó los juegos de ordenador con un elemento de distracción más, como una de esas aficiones que enseguida pasarían a un segundo plano. Con esa premisa, no podíamos comprar un ordenadorcito que no nos sirviera para nada a los 4 días. Teníamos que comprar un superordenador que también sirviera para la empresa de la familia.
Han pasado de aquello ya más de 40 años y todo lo que conseguí que mi padre hiciera con un ordenador fue jugar al solitario. Mientras que yo comencé ahí una carrera de la que, a fecha de hoy, todavía vivo. Una que me ha llevado a jugar pocas veces, pero a informatizar gran cantidad de empresa y ayudar a cientos de usuarios a empezar sus andaduras en la informática: desde chavales con su primer ordenador, hasta jubilados con un interés excepcional en continuar aprendiendo y demostrando que la edad sólo está en la cabeza.
Esteban me vendió mi primer ordenador y me metió ese gusanillo del hardware en el cuerpo. Vino a instalar a mi casa un flamante Phillips NMS 9110 con dos disqueteras de 3,5” y monitor a Color (Un 8086 de lo más potente). Lo mejor para la empresa.
Durante un tiempo estuve bajando a Micro-Futura a ver bases de datos y procesadores de textos, a aprender toda esa jerga y pasar de un lenguaje de programación como el BASIC a un intérprete de comandos como MS.DOS. En su tienda conocí a mi primer jefe, el distribuidor de Phillips en Zaragoza (Juan Carlos) y con el que introdujimos en España el primer 286 de Phillips.
La relación profesional con Esteban fue creciendo a lo largo de los años llevándonos a entablar una de esas amistades que no olvidas. En gran parte soy lo que soy y hago lo que hago gracias a él. Las charlas, los cafés y las horas que hemos echado a puerta cerrada hasta altas horas de la madrugada nos hicieron disfrutar no sólo de nuestra amistad sino también de nuestro trabajo.

Gracias a todos vosotros por acordaros de él y hacerme recordar todas aquellas horas y días en los que tanto aprendí y disfruté. Por supuesto gracias a Julián -con el que hace demasiado tiempo que no hablo- por ponerme en contacto con vosotros.
Firma: Nacho Martín




Ha sido emocionante leer este artículo y aunque todos tuvimos nuestras vivencias con diferentes personas y tiendas, en el fondo se encuentran todas en lugares comunes perfectamente retratados en estos párrafos. Lamento mucho que no se pudiese volver a hablar directamente con Esteban, nos quedan estos muy buenos recuerdos. Muchísimas gracias a los autores por tocarnos el corazoncito con estas historias.
Gracias A37927 por tu mensaje. Efectivamente casos como el de Micro-Futura los hay en todas las ciudades grandes de España. Sería buena idea recopilar todas ellas y hacer un ESPECIAL sobre el tema. De momento todo aquel que tenga información sobre Micro-Futura sería muy bienvenida. Por otro lado agradecer a Jorge todas las gestiones y su artículo que refleja a la perfección los sentimientos de todos nosotros en relación al comercio que nos suministró material del Spectrum. No todo fue El Corte Inglés, Galerías, Pryca o Alcampo. Muchas pequeñas tiendas y los que estaban tras sus mostradores nos marcaron para siempre. Esteban, descansa en paz.